Category Archive: Escritos

Feb 19

El genocidio ontológico de la mujer

En la historia de la humanidad nunca había existido un dios totalitarista hasta que llegó el cristiano. El dios egipcio Osiris fue engañado por su hermano Seth, desterrado, asesinado y descuartizado. Cronos, en la mitología griega, fue desterrado por su esposa y su hijo Zeus.

El dios cristiano tenía que arrebatar todo poder a la mujer y fusionarse con el hijo, es decir, con Jesús, pues la mujer y el hijo son los mayores peligros de un dios que quiere ser totalitarista. El dios cristiano tiene control absoluto sobre el mundo, lo creó y va a destruirlo, pues la verdadera existencia y la verdadera vida seguirán existiendo siempre, no importa si la especie se extingue, pues persistirá en el otro mundo.

No importa si se mata a millones de personas o si se pretende aniquilar a un pueblo entero, las almas jamás dejarán de ser eternas.

Sólo hacía falta matar o al menos volver a ese dios una mera hipótesis, un mero concepto, un mero engrane del sistema (como hizo Kant), para que el totalitarismo divino se volviese humano.

Para decirlo de una forma más precisa, Kant no se casó con la muerte, aunque desde nuestro contexto me parece una interpretación interesante, ya que en nuestra cultura la muerte es femenina. Eso sería darle demasiado poder a la mujer, darle demasiada importancia a la regeneración. Darle lugar a la mujer puede implicar el paganismo, es decir, la pluralidad de dioses, y lo que es peor todavía, la concepción de seres tan poderosos que se enfrenten al gobernante absoluto. Para un dios totalitarista, el matrimonio es la muerte. Simplemente el matrimonio no puede ser porque va contra los intereses del hombre.

Recordemos que la muerte en el contexto alemán es masculina. Der Tod es un sustantivo masculino que curiosamente tiene la misma raíz que el verbo töten, que significa matar, de modo que una traducción más exacta sería “el que mata” o “el matador”, y no “el matar”, “el morir” o como se traduce comúnmente, “la muerte”. Como se aprecia en la imagen de Hans Baldung Grien, la muerte no quiere casarse con la mujer, quiere más bien matarla. Dios, el destino y la razón pura representan al padre. El hombre, con su razón práctica que pretende ser universal, y la muerte masculina (o “el matador”) que ejecuta la ley del destino, representan al hijo. Si la razón práctica llega a ser universal como la ley natural, se alcanzará la unión entre padre e hijo de modo que la reproducción sexuada sea eliminada para que sea el Espíritu Santo (masculino aunque en hebreo fuese una entidad femenina) el que dé vida a María. La mujer es entonces sólo lo que era para Aristóteles: una maceta donde depositar la semilla.

Kant busca con su moral lo que el matador universal ya ha logrado de forma natural. Si hemos de hablar de muerte universal, ¿no hay lugar aquí para el apocalipsis? No más diosas, ni deseos, ni irracionalidad, ni animalidad, no más pecados. Sobre todo, hay que dominar a la mujer para alcanzar el absoluto, es más, el hombre mismo debe dominarse con la razón, dios mismo debe ser esclavo de la eternidad y vivir por deber y no porque quiera hacerlo, y el hombre debe ser esclavo de sus propias leyes (y además aceptarlo de buena gana).

Todo deseo, pasión, pulsión o instinto debe ser controlado, cada latido del corazón, cada respiración, cada fuerza sexual. Sólo entonces todo aquello podrá convertirse en voluntad moral. Se trata de concebir a la mujer como el hombre ordene. La mujer no existe, sólo existe lo que el hombre ha hecho y ha dicho de ella pues no la ha dejado hablar y eso sería cederle a la muerte la palabra. El hombre ha creado a la mujer, la ha inventado. ¡Qué dios tan malvado! ¿Y a ustedes les sorprendía la premeditación de los nazis y lo sigilosos y organizados que eran?

Hay que acabar con este mundo donde la reproducción se da de forma sexual, donde el hombre necesita a la mujer. Hay que controlar al mundo para alcanzar su destrucción. Que la mujer y la muerte dejen de dominarnos al desearlas.

Feb 02

De Egipto a la Huesuda

El título de este ensayo se refiere a la imagen que se le ha dado a la muerte como persona, sin embargo, es pertinente aclarar que la muerte no ha sido representada únicamente como persona, sino también como animal, o más bien como una combinación de animales.

Ya en Egipto había dos personificaciones muy distintas de la muerte: una humana y masculina que moría (Osiris), en donde no hay propiamente una idea de muerte sino más bien una idea de tránsito, de continuación de la vida, hacia la eternidad, en el mismo mundo, en el mismo cuerpo. En la segunda muerte sí que había una concepción de muerte, de aniquilación, fin de la existencia, perecimiento, o como se le quiera llamar; estaba representada por una diosa hibrida llamada Ammyt, con cabeza de cocodrilo, mitad delantera de león y mitad trasera de hipopótamo. Esta diosa devoraba a quien no satisfacía los requerimientos del Juicio Final en el Libro de los muertos, o como los egipcios mismos lo llamaban Libro para salir al día.

Para los antiguos egipcios no existía el destino, uno moría en algún momento, pero podía seguir su viaje hasta la eternidad, viviendo en este mismo mundo, juntos a los Dioses de la tierra, viviendo, insisto, en el cuerpo donde una persona ha vivido desde que nació. Uno podía morir de nuevo, dejaba de existir en el Juicio Final, allí no se decidía quién iba a cielo y quién al infierno, sino quién seguía existiendo por toda la eternidad y quién no. La aniquilación mediante la devoración de una persona por un Dios animal, representa la reintegración del cuerpo en la naturaleza, lo que Lacan llama “la segunda muerte”, y ese volver a nacer no ya como persona, sino reintegrándose en el curso natural, ser alimento de animales, ser abono para las plantas.

Uno no nacía siendo inmortal, uno debía ganarse la inmortalidad, luchando, recorriendo un peligroso camino, teniendo amuletos, conservando el cuerpo, haciendo magia, diciendo oraciones y saliendo victorioso del Juicio Final: alcanzar la eternidad costaba, y costaba mucho.

Posteriormente, en el pueblo judío y luego en el griego, surge la idea de destino, de determinismo, y por supuesto, esto será adoptado por el cristianismo: Uno está condenado a la existencia, aquí, en el cielo, en el infierno, en el purgatorio, vagando como alma en pena, o como sea, pero existiendo. Incluso Dios está condenado a la existencia, a la eternidad. En el cristianismo no hay propiamente una idea de muerte como aniquilación, sino que permanece únicamente una idea de tránsito hacia la eternidad. Para el cristianismo no somos mortales, acaso los animales y plantas y todo aquello que “no tenga alma” es mortal, pero jamás el hombre. Ese duro proceso para alcanzar la eternidad, lo recorrió Jesús por nosotros, (aquí cabe mencionar varias interpretaciones, algunos creen que la eternidad se gana con el bautizo, otros piensan que el hombre es inmortal por naturaleza, que es una sustancia y tiene alma, o que Jesús fue sacrificado para lograr una especie de fusión entre el hombre y la divinidad). Sea como fuere, la muerte se piensa en términos de destrucción, asesinato, no sólo del hombre, sino de toda la creación: el mundo está condenado a perecer en el juicio final, sin embargo, dios ha existido por siempre y por siempre existirá, y no puede hacer nada para evitarlo, es decir, el dios cristiano no tiene la capacidad de crearse, de crear a otros dioses, ni de aniquilarse, poder que sí tenían las deidades egipcias. El dios cristiano es víctima del poder de la existencia tanto como es víctima el humano. ¡Ay de aquél que desee la no existencia, pues la no existencia es imposible, es una contradicción, es ir contra las leyes de la razón, contra todo buen juicio, es un deseo que no deben desear ni los dioses, pues jamás será cumplido! Dios es esclavo de su propia eternidad como la razón de sus propias leyes.

Volvamos por un momento a los egipcios cuando hablábamos de Osiris como el Dios de los muertos por ser el Dios que fue asesinado, el Dios muerto, el primer hombre en volver a la vida tras la muerte, el hombre al que se le cometió una injusticia y por el cual se lleva a cabo el Juicio Final. ¿Qué demonios significa en el contexto egipcio la palabra hombre, la palabra dios?, y sobre todo ¿a qué nos referimos cuando decimos “el Dios de la muerte”? Se trata solamente de una forma de hablar, pues de no ser así, nos enfrentamos a una serie de paradojas muy complicadas al intentar hablar de la vida y la muerte. Como se dijo, desde los egipcios hay dos concepciones de muerte, una (que como el término en español lo indica), la muerte, o el Dios de la muerte es precisamente el que muere. Además se concibe a la muerte como asesina (como el término, por ejemplo, en alemán, lo indica, el sustantivo masculino Tod, tiene la misma raíz que el verbo töten que significa matar, de modo que para un alemán la muerte significa algo totalmente distinto, y debería traducirse por “el que mata” o “el matador”, mientras que la muerte en español debería ser “la que muere”, pero curiosamente, y contra la etimología en español, la muerte no es la que muere, sino la que mata), representada por la diosa Ammyt, que es la diosa aniquiladora. Pues bien, dada la información surgen las siguientes preguntas: Si la muerte es la que muere, ¿cómo va a ser la muerte la que muere si cada uno de nosotros muere?, ¿acaso la muerte puede morir muchas veces?, y para que muera, ¿acaso no tenía antes que estar viva?, y si estaba viva y muere ¿cómo puede luego volver a morir?, ¿es la muerte quien muere una sola vez por todos nosotros o se puede decir que la muerte es individual?, o bien, si la muerte es asesina, es decir, que mata teniendo pleno conocimiento de lo que hace, con plena intención y premeditación, ¿esto significa que la muerte debe estar viva para tener conciencia y poder matar?, si la muerte es asesina ¿significa esto que ella nunca muere?, y de nuevo, ¿somos cada uno de nosotros los que morimos?, ¿existe una muerte individual? Y, de existir una muerte individual, ¿cómo podemos afirmar esto si cuando llega la muerte nosotros ya no estamos ahí, al haber perdido ya la vida, los sentimientos y la conciencia?, y si ya no estamos ahí ¿cómo pudimos ser asesinados por la muerte?

En la religión egipcia las dos concepciones de muerte funcionaban porque uno podía morir pero ello significaba sólo una transformación dentro de la misma vida y el mismo cuerpo, no existía, pues, la trascendencia: la muerte era inmanente. Ahora bien, la aniquilación en el juicio final, se representaba con el proceso orgánico más básico, la alimentación de un ser, por otro. La asesina era la naturaleza en sus distintas formas (consideremos, además, que los egipcios vivían en un medio salvaje donde fácilmente se podía ser víctima de un cocodrilo, un hipopótamo o cualquier otro animal), de modo que la muerte como asesina no estaba “más allá”, sin embargo, con el tiempo comenzó a concebirse a la muerte como algo trascendente, y fue de este modo, a mi juicio, que surgieron las paradojas antes mencionadas.

En el cristianismo, por supuesto, se mantuvo la imagen de un hombre que muere, o más bien que es asesinado, renace (igualmente en cuerpo como Osiris), y se convierte en un Dios de la muerte, que se representa justamente, como cadáver, crucificado. Por otro lado, se mantiene una concepción de la muerte (la huesuda), que es asesina. La primera concepción de la muerte como aquello que muere por nosotros, no ha cambiado mucho; como Osiris, Jesús es un hombre, a la vez es divino, es un Dios en la tierra, es un ser inmanente o que en todo caso, mantiene lazos con la trascendencia. En cambio, la segunda concepción de la muerte como aquello que mata, ha cambiado demasiado, ya no se representa como animal, sino como mujer (al menos en nuestro contexto, porque como se dijo, en otras culturas la muerte como aquello que mata es masculino, como en la tradición germana), pero no sólo eso, sino que es una mujer fría, asexuada, sin piel, pero sobre todo, la asesina ya no es la naturaleza animal, con sus garras, sus dientes filosos, la muerte ya no es una depredadora natural, sino una mujer sin piel pero vestida de pies a cabeza, es decir, despojada de su naturaleza y cubierta con material sintético, que no puede ser imaginada sin su herramienta de trabajo, la guadaña. La muerte es sintética, es una empleada enajenada que no asesina para sobrevivir, para reintegrar el alimento a la naturaleza, a una nueva vida, sino que, por el contrario, es despiadada sin razón aparente, mata nomás porque sí, es su trabajo, como si recibiese órdenes, y no se negara a cumplirlas: la huesuda mata por deber, por seguir el orden de las leyes universales cuyo dictamen establece que todo debe morir en algún momento, la huesuda, digo, es una metáfora de la ley universal, y en realidad la muerte no existe, sino únicamente el asesinato. La huesuda es como una juez que cumple el dictamen preestablecido, la que mata es la ley universal a través de la muerte, y no hay un juicio como en el mundo egipcio, no hace falta, la ley ordena la muerte de todos por igual de ante mano. ¡He aquí la democracia de la huesuda!, ¡una mujer que no discrimina! ¡He aquí al hombre y su destino, esclavizándola y luego acusándola de asesinato! El destino es el asesino, todo está destinado a morir, por eso sea que se mate a dios o la muerte mate al hombre por órdenes de su esposo, la muerte está asociada al asesinato sin remedio.

La huesuda es una esclava de su empleo, además es asexuada, se le prohíbe amar y ser amada, se le prohíbe tener hijos. La ley quiere que la razón se reproduzca, que la razón sea universal. El totalitarismo de la razón que le ha negado todo corazón, toda pasión, y todo instinto, incluso a la huesuda. Vivimos en un mundo donde la enajenación se nos presenta en todos lados, hasta en el más allá. Como dice la canción, “nací despreciando la vida y la muerte”[1], y es que no hay vida ni muerte, sino sólo máscaras.

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[1] Ernesto M. Cortázar y Manuel Esperón. Yo soy mexicano. Canta Jorge Negrete.

Jan 27

Devenir del incesto y la pederastia en la Religión Católica

 

Abraham Armando Carrillo González

Resumen: No es azaroso que en el cristianismo haya tantos casos de pederastia; esto va de la mano con sus creencias religiosas y sus posturas políticas. A continuación te diré por qué y cómo se ha dado el proceso del desarrollo de la perversión con la ideología.

Palabras clave: Osiris, Jesús, Zeus, Cronos, Tántalo, cristianismo, Padre, Hijo, María, complejo de Edipo, magia, fusión, alma, cuerpo, totalitarismo, pedofilia, psicoanálisis, nuevo testamento, Freud, Schopenhauer, San Agustín, Deleuze, Sacher-Masoch.

Trae los demonios a la luz que los quiero ver bien.

No importa que tras sus máscaras haya más disfraces.

Te atreves a pronunciar con tanta impudicia

semejante palabra y crees poder sustraerte al castigo.

Ya lo he hecho, pues la verdad ha declarado en mi favor.1

Sófocles, Edipo Rey, 354

¿Qué relación hay entre el incesto y las doctrinas del cristianismo? ¿Qué antecedentes podemos encontrar? ¿Qué relación hay entre la religión, las prácticas socialmente aceptadas y la legislación de lo que está permitido?

Como es bien sabido, para griegos y romanos las relaciones homosexuales entre adultos y menores no sólo eran permitidas, sino que incluso eran bien vistas:

En los Memorables de Jenofonte, Sócrates alude a la pederastia como algo irreprochable e incluso elogiable (Libro I, cap. 6, versículo 8). Allí mismo, cuando Sócrates previene contra los peligros del amor, habla tan exclusivamente del amor a los muchachos como si no existiera mujer alguna. También Aristóteles (Política, Libro II, cap. 9; 1269 b) se refiere a la pederastia como algo habitual, sin censurarla; relata que entre los celtas era reconocida con todos los honores y que entre los cretenses la protegían las leyes como medio contra el exceso de población (cap. 10; 1272 a); menciona la homosexualidad del legislador Filolao (cap. 12; 1274 a), etc. Cicerón dice que «entre los griegos era un oprobio para los adolescentes el no tener amante alguno» (Sobre la república, IV, 3,3).2

En la cita se muestran ejemplos sociales y la aceptación de pederastia, pero ¿cómo se manifiesta esto en la religión y qué relación hay con ella? Y sobre todo, ¿por qué son tan sonados los casos de pederastia en el cristianismo y no sucede así en otras religiones? Como dije en “La muerte personificada”3 hay un conflicto muy fuerte entre un dios padre (Cronos) y la amenaza que representa el hijo (Zeus) que de forma natural suele tomar el trono que antes pertenecía a aquél. Para que haya un dios totalitarista4, debe existir el monoteísmo, lo cual implica la impotencia de dios para concebir a seres tan poderosos como él. A pesar de que el dios cristiano es impotente (esto se explica un poco más abajo) no hay una unidad absoluta, de modo que dios padre y dios hijo son poderosos, sin embargo, como veremos, llegarán a ser uno en el cristianismo. Hay un juego, una fusión de mundos, de territorios, el del padre y el del hijo, el del cielo y el de la tierra. Si el padre logra fusionarse con el hijo no existe una amenaza externa: el padre es su propia amenaza, pero entonces se corre el riesgo de concebir a un dios que pueda autodestruirse y la pretensión de eternidad de los humanos por medio de la divinidad queda anulada. Dios puede tener hijos, sin embargo está castrado (simbólicamente) porque un dios hijo, mortal e inmanente, es impotente. Es por ello que el hijo quiere y tiene que llegar a ser padre para superar su impotencia. Por un lado, debe anularse el conflicto entre padre e hijo y por el otro debe lograrse la unión del hombre con la divinidad.

¿Cómo obtener el papel del padre? Evidentemente en el cristianismo se toma un camino muy distinto al griego, aunque en ambos casos hay sacrificio del hijo; esto se manifiesta en el mito griego cuando Tántalo, hijo de Zeus y de Pluto, es decir un mortal tan querido por los dioses que se sentaba a la mesa a comer con ellos, cocinó a su propio hijo para servir esta carne a los dioses; cuanto éstos se dieron cuenta lo castigaron (hay otros sacrificios más conocidos como el de los hijos de Cronos que son devorados por su padre); no hace falta, según creo, explicar el sacrificio del hijo en el cristianismo.

El hombre quiere alcanzar a la divinidad y tomar su lugar, pero tiene que hacerlo de una forma muy sutil, a su vez, la divinidad teme al hombre, a su estupidez, su necedad, su ambición, su perversión e inmoralidad, ¡cuántos problemas causa conceder la libertad al ser humano! La divinidad tiene que sacrificar al hombre pero tiene que hacerlo, de igual manera, sutilmente.

En el cristianismo hay una forma de enfrentar el problema entre padre e hijo de una forma totalmente novedosa; en el paganismo griego hay sacrificio del hijo, sin embargo, en algún momento Zeus triunfa por lo que también hay sacrificio del padre, no por ello desaparece el conflicto como lo hará en el cristianismo (ya veremos con qué consecuencias).

Jesús en el cristianismo no sigue el camino que Zeus en el paganismo, Jesús es una figura totalmente distinta a la de Zeus, es una figura que no pretende ocupar el lugar del padre pues de ser así, el problema entre padres e hijos continuaría por toda la eternidad, así como seguiría existiendo este mundo de pecado y de reproducción sexual, y sobre todo, de paganismo, aparece entonces

Cristo, no como Hijo de Dios, sino como un nuevo Hombre, es decir, la semejanza del padre, abolida, «el Hombre de la cruz, sin amor sexual, sin propiedad, sin patria, sin lamentos, sin trabajos…» (Carta de Sacher-Masoch a su hermano Carlos del 8 de enero de 1869).5

Jesús representa la reproducción sin pecado, pero no sólo eso: es Jesús el que le quita la virginidad a María: nace siendo simbólicamente el padre. Al final como Zeus, Jesús no puede evitar volverse la figura del padre, pero eso sí, este Jesús padre es distinto al dios padre griego: es un padre casto, sumiso, es un padre que sigue siendo niño, un niño que quiere ser el único niño, en contra de la generación, un padre que no puede ir regando hijos por el mundo, un niño que ha apostado por lo espiritual. El dios que se volvió carne justamente para acabar con la carne, con Zeus, con el paganismo. Así es, este dios padre, es a la vez niño, el niño Jesús. La ventaja de la carne es que se devora a sí misma, los humanos tienen que alimentarse, sin embargo, se corre el peligro de que el asesinato se vuelva un pecado eterno, es por ello que hay que dejar que la carne se consuma pero hay que impedir que se reproduzca. Si los hombres son tentados a la sexualidad, que haya sexualidad pero una sexualidad espiritual donde se fusione el padre y el hijo, no se trata únicamente de homosexualidad, pues ello es típico del mundo griego: el cristianismo lleva la pederastia en el espíritu más que en la sangre.

Padre e hijo necesitan una reconciliación, pero tiene que ser una reconciliación real, de este mundo (y del otro también). Dicho de otra manera, Jesús tiene que lograr lo que la divinidad: en primer lugar, dar vida, en segundo, regresar de la muerte. Pero si Jesús vive después de la muerte en espíritu, se habría transformado en padre, y el hijo hubiera perecido. Jesús debe resucitar en carne como Osiris, es decir, como dios inmanente, en la tierra, de forma material, pero de ser sólo así, el hijo triunfaría como lo hizo Zeus, el cristianismo sería un reciclaje de las concepciones egipcias y griegas (entre otras por su puesto, me limito a nombrar las concernientes al tema). Esto no puede ser todo, porque el cristianismo sería pagano, y en el paganismo no puede haber totalitarismo, por ello hay que alcanzar la unión entre padre e hijo.

El cristianismo es evidentemente machista (¡cuándo se ha visto o cuándo se verá una “Mama” en vez de un Papa! El primer paso es entonces concebir al hijo como una mujer sumisa, o mejor todavía como un hombre castrado, andrógino, un hijo que sea libre y tome la decisión de no serlo, para cumplir la voluntad del padre. Dicho de otra forma, reemplazar a la mujer por la figura del niño, la mujer tampoco debe tener el poder en el cristianismo (de esto también se habla en La muerte personificada). En el cristianismo, no existe la mujer, sino un hombre que crea a la mujer a partir de él, lo originario es masculino y por tanto, las cualidades de la mujer deben ser heredadas del hombre y no al revés. El hombre es el que gobierna con la creación, con el verbo, diciendo no lo que la mujer es (pues ni siquiera puede ser por sí misma al ser creada), sino cómo debe ser. He aquí otro gran pasaje del estudio schopenhauereano del cristianismo, donde se aprecian claramente el machismo y la intención de reemplazar a la mujer por un hombre castrado:

Un testimonio sobre este punto procede de los primeros tiempos del cristianismo, es la respuesta del Señor citada por Clemente de Alejandría (Miscelánea, III, 6) a partir del evangelio de los egipcios: «Cuando Salomé preguntó al Señor cuánto tiempo dominaría la muerte, Él dijo: “Mientras vosotras, las mujeres, sigáis pariendo”». […] Más adelante Clemente cita las palabras de Casiano: «Al preguntar Salomé cuándo sería revelado lo que ella preguntaba, respondió el Señor: “Cuando despreciéis el velo del pudor, cuando los dos sexos sean uno, cuando lo masculino sea lo femenino y no haya ni lo uno ni lo otro”».6

El hijo repite lo que ha aprendido creyendo que es propio, he ahí al padre en el hijo pero solamente en espíritu, es necesario alcanzar una unión corporal.

Si yo pongo juntas las palabras “padre”, “unión carnal” e “hijo” (y destierro con ello a la mujer como esposa, como reina y como diosa), es natural que piense en incesto y también en pedofilia. Pero aunque el cristianismo pretenda ser un monoteísmo, su perversión es plural pues queda otra posibilidad: la unión carnal puede darse no solamente de forma sexual, sino también mediante el canibalismo. Aparece entonces la escena de un dios humano dando de comer sigilosamente al padre a sus discípulos, es decir, otorgando las propiedades de la deidad a los mortales. Así como en la mitología griega Tántalo mataba a su hijo para ofrecerlo de comer a los dioses, Jesús mata y descuartiza al padre, lo ofrece a los mortales y lo devora él mismo.

Dios no se entrega en carne a sus discípulos, como vimos, dios padre estaba en Jesús en espíritu. Jesús entrega el espíritu del padre a los discípulos; el canibalismo es simbólico, no literal. En cambio, la muerte y la resurrección de Jesús no son metáfora, sino que es algo que sucede corporalmente.

Jesús en la última cena logra traer a dios padre a la tierra, ahora falta que el hijo se eleve al cielo para que ambos mundos se unan. En el cristianismo no hay una muerte de dios, sino dos, una espiritual y una carnal. Se trata de la muerte de la dualidad y la instauración de una unidad andrógina, asexuada y sin pecado.

La magia consiste en esta unión corporal y espiritual, incestuosa, caníbal y pedofílica entre padre e hijo; no nos sorprenda que los que siguen esta ideología procuren encuentros cercanos con sus discípulos.

El conflicto entre padre e hijo no se ha acabado, simplemente pasó a ser social a partir de la última cena, de modo que el incesto queda fuera del juego. El canibalismo se sigue practicando simbólicamente en la comunión: devoramos a dios como los dioses mexicas devoraron nuestros corazones. Por su parte, la pederastia es un rito sagrado que se da (por supuesto) de forma carnal, como un ritual sagrado en los cultos cristianos, pues sin la resurrección en carne no hay cristianismo. La pedofilia no puede darse de forma simbólica, debe ser literal si se quiere ir acorde a las enseñanzas de las Sagradas Escrituras.

Para los griegos el triunfo es del hijo (Zeus), en contra, para el cristianismo el triunfo es para el padre, porque logra que el hijo haga lo que aquél desea: el hijo nace siendo padre y está dispuesto a ser salvajemente torturado antes de ser aniquilado, pero esta historia no acaba aquí, apenas comienza: no sólo el hijo, sino todo su mundo de sexualidad, pecado y canibalismo debe ser destruido7, el apocalipsis llegará para que al fin gane la espiritualidad sobre la carne, es decir, para que triunfe el reino del padre, pues como dice San Agustín:

Conozco gente que murmura y se pregunta: -si todos quisieran abstenerse de toda unión sexual, ¿cómo subsistiría el género humano?- ¡Ojalá quisieran esto! Primaría la caridad de un corazón puro provisto de una buena conciencia y una fe no fingida: entonces se consumaría mucho antes la ciudad de Dios y se aceleraría el fin del mundo. (Del bien conyugal, cap. 10)8

1 Es curioso que en el segundo volumen de El mundo como voluntad y representación, Schopenhauer comience su Apéndice dedicado a la pederastia citando el Edipo Rey de Sófocles, pues desde mi influencia psicoanalítica espero poder mostrar que hay una relación con el complejo de Edipo.

2 Arthur Schopenhauer. El mundo como voluntad y representación. Edición y traducción de Roberto R. Aramayo. FCE. Madrid. 2005, tomo II, p. 544

Schopenhauer hace aquí un excelente estudio histórico, biológico y psicológico de la pederastia, por lo que en vez de poner una cita aún más larga, recomiendo al lector acudir a dicho texto.

3 Favor de dirigirse al mes de noviembre del 2010 en la sección de filosofía para acceder al escrito antes mencionado, aquí dejo el link para facilitar la accesibilidad:

http://www.aion.mx/filosofia/la-muerte-personificada.html

4 Esto también se desarrolla en La muerte personificada.

5 Gilles Deleuze. Presentación de Sacher-Masoch. El frío, el cruel. Versión española de Ángel María García Martínez, Taurus, Madrid, España, 1973, p. 101

6 Schopenhauer. Op. cit., p. 599

7 Jesús es castigado por la sangre y la carne que pertenecían al dios padre y que ofreció a los mortales, como Tántalo robó néctar y ambrosía (el alimento de los dioses) para hacérsela probar a los mortales.

8 Ibid,p. 600

Video

Todo amor es compasión

En este video podemos ver que efectivamente hay una guerra (cósmica), las fuerzas naturales luchan, los astros, los animales se devoran unos a otros, pero esa guerra tiene sus reglas, el leopardo mata simplemente para comer, pero sería antinatural atentar contra la procreación, pues gracias a ella existe él y existe su presa, de cualquier modo, comer a un bebé babuino no serviría de mucho por su pequeño tamaño. Para Schopenhuaer no hay un orden racional que rija al universo, sino un sentimiento que en pocas palabras puede decirse que es vida y amor aunque la vida y el amor y no sean siempre pacíficos, tampoco son siempre destructivos: la vida y el amor no son sólo humanos. En muchas de las culturas del mundo los felinos son animales sagrados, por distintos aspectos de su caracter, y lo que se muestra en el video, no puede llamarse de otra manera, sino divino.

Aug 23

Juntos seriamos…

Ésta poesía es cortesía de:

Abraham Carrillo. “[Juntos seríamos]“, en “¿Quién es la noche?”, coordinador Rogelio Laguna, Ciudad de México, MC editores, 2009, p. 162.

Libro disponible en todo México gracias a la UNAM y CONACULTA (en las librerías EDUCAL).

Es curioso cómo buscamos la unión desde posturas contrarias, y cómo esa ilusión y esperanza de unión es justo lo que nos separa al no ponernos de acuerdo en cómo conseguir el ideal; desde luego, la lejanía no está en contra de la unión: Si el sol brilla para nosotros, es porque nos tiene lejos, e irradia con tanta fuerza que lo sentimos a flor de piel, un sol que brilla incluso cuando es de noche, brilla aunque no lo veamos, él quisiera no ser posesivo con nosotros; aún hoy lloramos su presencia y su ausencia.

Podría decirse que la noche es oscura para que brillemos, pero en realidad ella brilla a través de nosotros sin importar la ausencia y la lejanía de la persona amada; para un sol tan brillante, todo lo que hay en el firmamento, es noche, y es oportunidad de amar aquello que pareciera estar tan distante como las estrellas mismas, porque

Juntos seriamos sólo dos positivos,

nuestra negatividad llena ese vacío;

labios burlándose de la espacialidad,

distantes, acudiendo a mis sentidos.

Neutros mensajeros: voces, signos;

sin saber cómo, viajan desapercibidos,

al llegar a ti, participan de tu claridad:

No se alejarán ya, por ningún motivo.

Piensa que eres una estrella a años luz,

y que aún pienso en ti al ver tu brillo;

piensa que te equivocas en tu soledad,

que todavía te amo, y aún sigo vivo.

Aug 10

La inseguridad de la mujer. Origen y exposición breve de su historia

Se ha dicho que el primer imperio ha sido un matriarcado, pero ¿quién lo invento aunque fuese sin darse cuenta de ello?, ¿lo fundó un hombre o una mujer?, ¿lo hicieron ambos? En cualquier caso, creo fueron las mujeres las que acabaron con su propio imperio; y ¿por qué habrían de enojarse si digo esto? Los hombres mismos están construyendo la destrucción de su propio reinado, han destruido varios pueblos, varias generaciones, varias mentalidades; pero el reinado parece seguir firme sin saber cómo, y quizá -peligrosamente quizá-, las mujeres lo cedieron a los hombres antes de acabar con él (con el imperio y con el hombre mismo, ofreciéndole la arrogancia, el peligro, y el poder del fuego eterno, como una pistola que excita la imaginación de un niño, aunque el regalo prometido jamás llegue); incluso con el cariño y la sobreprotección materna, al hablarte para decir las cosas más obvias: esa la forma en la que una madre deposita la confianza que no tiene para sí, en los hijos. Las niñas, incluso, comienzan a hablarle a los hijos desde mucho antes de tenerlos cuando juegan a la mamá.

Y ¿por qué para las mujeres el día de la boda es el gran día?, las madres educan a sus hijas para que encuentren a “un buen hombre”. En la búsqueda del matrimonio se aprecia con facilidad como las mujeres buscan solas su propia esclavitud en su intento por esclavizar al otro. “El hombre es malvado”, dicen para sí las mujeres, pero aunque así fuese, él no esclavizó a la mujer, fue la inseguridad, la maldita inseguridad de ellas mismas, sí, la mujer se enamora de su propia vanidad, de su sensualidad, de su belleza, delicadeza, calidez y ternura, porque cada mujer desea todo esto para sí, tanto como un hombre desea todo eso en una mujer que también quiere para sí, pero eso nunca ha sido suficiente: siempre ha sido demasiada responsabilidad dejar la eternidad en manos de la diosa; la mujer es insegura, tanto, como para impedir que el destino se deje en manos de otra mujer, esto mismo causa el que se solapen unas a otras, se consuelen, y se den palmaditas en la espalda, siempre y cuando, una de ellas no pretenda ir más allá; ojalá que tampoco busquen ni siquiera al hombre que desean, porque si él llega, será porque ellas habrán creído que han encontrado en él la firmeza, y ese es su punto débil, entonces se vuelven frías y crueles, llegan los arranques momentáneos y el malestar constante suficiente como para humillarse unas a otras, reclamarse por su autocensura y su insensatez, también aparece el rencor por ser de la misma naturaleza que sus madres y sus suegras. Por más que jurasen en soledad no volverse como las otras, alimentan con el pasado a la envidia, esto se vuelve una práctica común, el despertar de la bestia se hace entrañable, capaz de acabar con el universo entero antes que confiar en sí mismas, en otras mujeres, o en la diosa misma.

La inseguridad las ha devorado, las devora y las devorará, no hay nada que hacer… justificada o injustificadamente las mujeres son inseguras, en cambio, los hombres (para bien o para mal), son seguros, aunque ellos no sepan de dónde viene su egocentrismo.

Se ha hablado de un matriarcado que comenzó en el neolítico, pero nunca existió tal. Sí, se adoraba a la madre tierra, a la diosa, se exaltaban los atributos sexuales femeninos, pero eso no justifica la creencia en un matriarcado: Las mujeres nunca dirigieron la caza; en su naturaleza está el cuidar a los niños, amamantarlos cuando no pueden ingerir otro alimento. El humano es territorial y defiende su territorio con todas sus fuerzas, pero también es social, en todo caso, si la mujer dirigió la caza alguna vez, eso sucedió en alguna especie que no era propiamente humana, en una organización parecida a la de los leones, donde, para que unas cazaran, las demás hembras tenían que quedarse cuidando a los pequeños, en una especie de tótem no humano, de haber sido así, las hembras tuvieron que ser sedentarias y los machos nómadas (o seminómadas) en algún momento y luego territoriales al encontrar a su harem; acaso si los machos tenían un compañero, ese era su hermano, lo cual se olvidaba al momento de aparearse con todas las hembras, para al terminar la temporada de celo, descansar mientras ellas continuaban cazando para alimentar al patrón y a los cachorros (nótese que esta especie debería tener temporadas de celo, cosa que no sucede en nuestra especie); de cualquier manera, ese tipo de sociedad o pre-sociedad basada únicamente en el tótem, no puede llamarse un matriarcado, pues se piensa que la mujer es pasiva, y cuando no lo es, es una esclava que vive para satisfacer las pasiones del rey de la selva. ¡Triste siglo feminista!, ¿dónde vino a parar?, ¿debía consumirse tan rápido?

Quedan muchas teorías por investigar, por imaginar, quizá mujeres y hombres cuidaron juntos de los hijos, la pregunta entonces es ¿cómo, cuándo y por qué dejo de ser así?

No digo que la mujer haya sido totalmente sedentaria desde siempre (ni que lo siga siendo), ni que el hombre ha sido nómada y lo siga siendo, pero sí pienso que el emigrar es un punto fundamental a estudiar para entender aspectos psicológicos como los celos, y el deseo de buscar siempre a otras parejas; una desventaja natural de la monogamia es que impide la dispersión de genes, y en un pasado remoto, eso era vital para la supervivencia de la especie.

Expandir el territorio del hombre y acoplarse a distintos climas, son cosas vitales para la supervivencia de la especie. Los animales sedentarios como los nómadas, tienen temporadas de celo, el hombre no es ni totalmente nómada ni sedentario; pienso que esto es posible gracias a que podemos reproducirnos en cualquier momento. En la historia evolutiva de los homínidos, ¿cuándo una especie dejó de tener temporadas de celo?, ¿cómo afecto esto a la organización política, a la relación entre machos y hembras, al comportamiento psicológicamente hablando?

Lo cierto es que ha sido difícil para hombres, mujeres, familias, pueblos y especies viajar juntos. los elementos tecnológicos permiten sociedades seminómadas, sin embargo, los viajes son distintos: A diferencia de antes, uno puede viajar solo, no necesita de alguien más, sea una pareja, una tribu, etc. ¿Qué comportamientos están surgiendo?, ¿las parejas se sienten en casa sin un lugar fijo y sin una pareja que siga el mismo camino?, ¿los pueblos seguirán siendo tan recelosos de su cultura? Hablando en términos de comportamiento, ¿qué tanto cambió nuestra forma de comportarnos como especie (contando tanto a hombres como a mujeres) frente a otras especies con temporadas de celo?, y la pregunta central, ¿en las creencias antiguas la mujer hubiera ganado el poder de dar la vida por sí sola si fuésemos una especie con temporada de celo definida?

No debe pensarse que la actividad del hombre lo lleva felizmente a conquistar el mundo. Si fueron capaces de leer hasta aquí, quizá les interese averiguar lo que sucede desde que el reinado de la diosa fue entregado al dios en el siguiente artículo titulado “Antecedentes míticos de Conservación“.

Aug 06

Antecedentes míticos de “Conservación”

Este ensayo habla sobre el siguiente cuento:

Abraham Carrillo. “[Conservación]“, en “¿Quién es la noche?”, coordinador Rogelio Laguna, Ciudad de México, MC editores, 2009, p. 162.

Libro disponible en todo México gracias a la UNAM y CONACULTA (en las librerías EDUCAL).

En la primer presentación de ¿Quién es la noche? Una de las exponentes me preguntaba si los antecedentes de mi cuento podían encontrarse en ese tipo de películas donde la sobrepoblación humana acaba con el alimento al grado de tener que comernos unos a otros para sobrevivir, ese tipo de películas nos muestran un mundo repleto de humanos, en cambio, el paisaje de mis personajes es mucho más íntimo, desolado y vacío, tanto, que es difícil, y probablemente imposible ubicarlos en un espacio-tiempo específico. No se trata de no tener qué comer e ingerir al que tengo a lado, es mucho más complejo que eso y hay bastante historia con respecto al canibalismo ritual y familiar, no solamente como satisfacción del hambre, sino sobre todo, una satisfacción psicológica, si bien, todo rasgo psicológico tiene su origen en el cuerpo.

El arte suele exaltar las cosas al grado de mostrarnos un mundo que pareciera estar fuera de éste, pero no es así; no hablo de cosas ajenas a nuestras vidas, pues ¿cómo debemos definir el término “canibalismo”? ¿Comete canibalismo el que instintivamente se lame una herida?, ¿o el que se muerde las uñas? O ¿acaso es un amante caníbal quien saborea la piel, la saliva y el cuerpo de su pareja? ¿Lo es el recién nacido que se amamanta inocentemente de su progenitora? ¿A partir de qué porción se considera canibalismo, cinco mililitros de sangre, cinco gramos de carne, diez kilos, veinte?

Digo esto desde el punto de vista meramente fisiológico, pero de igual manera en la ideología el tema nos ha acompañado a lo largo de la humanidad, y no es para nada un tema secundario, se encuentra en gran parte de las mitologías del mundo (quizá en todas de una u otra manera), y no se ha tratado el tema tan profundamente, por mero prejuicio, y es necesario hacerlo para poder entender el efecto psicológico de las creencias religiosas sobre las personas, para ello, en primer lugar, se debe saber observar la historia, los personajes y mitologías involucradas, en segundo lugar, se debe saber reproducir y describir aquello que se estudia, pues si el discurso intenta hacer una crítica social, no puede censurar aquello que precisamente se proponía poner en evidencia; una vez logrado todo esto, se pueden formular teorías acerca del origen de determinadas conductas humanas, sus consecuencias, y el modo en que pueden influir en las sociedades, hoy presentaré a grandes rasgos la historia del tema que nos toca y algunas conclusiones a las que he llegado.

La mitología egipcia es una mitología de transformaciones, de magia y de rituales; la muerte no es otra cosa sino un camino de transformación hacia la eternidad: Si el arte y las creencias se mantuvieron por tanto tiempo, fue justamente porque permitían el cambio. Culturas posteriores enfocaron toda su fuerza en mantener las cosas siempre de una misma manera, mientras los egipcios buscaban el cambio por un lado, y la permanencia por el otro: Se trata de una ideología que está pensando al hombre y a la divinidad en términos muy ambiciosos y poderosos. Su dios, por ejemplo, es creador de todo lo existente, pues ¿qué ha existido por siempre y para siempre, y no puede ser creado ni destruido en la tradición cristiana que es la que tenemos más cercana? Dios mismo, entonces hay al menos una cosa que el dios cristiano no pudo crear: No se pudo crear él mismo ni autodestruirse (no puede tampoco conocer la muerte directamente, sino sólo a través de todo lo mortal). Si consideramos que es más difícil crear que destruir, el dios egipcio no solamente tiene el poder de crearse, sino de crear a otros dioses, pero también de destruirlos y autodestruirse, es un dios que no teme a la muerte pues no es más poderosa que él, en este sentido, los egipcios tenían una ideología de vida, y de su triunfo sobre la muerte, ya que no por la existencia de la muerte el dios perece, pues tiene el poder de volver a crearse cuantas veces quiera, ni la vida ni la muerte le son ajenos, no le importa perder la conciencia ni morir a manos de los hombres y sus ritos. Una vez permitida la transformación de dios, el universo mismo perece y renace todo el tiempo, es siempre nuevo; los hombres, por su parte, pueden transformarse, e incluso volverse más poderosos que el más poderoso de entre todos los dioses; Los textos de las pirámides son una colección de textos religiosos grabados en las paredes de las pirámides de faraones a partir de la V dinastía (hace aprox. 4,500 años), constituyen el conjunto de escritos religiosos más antiguos descubiertos hasta ahora, eran considerados dignos de eternidad y guiaban a los faraones en su camino a la trascendencia, “el canibalismo debió ser una práctica frecuente, no en la V dinastía, pero sí en épocas predinásticas”[1]:

El cielo está nublado,

las estrellas se oscurecen,

las extensiones celestes tiemblan,

los huesos de los dioses de la tierra se estremecen

los planetas se detienen,

porque han visto al faraón aparecer poderoso

como un dios que vive de sus padres

y se alimenta de sus madres;

el faraón es un maestro de la sabiduría

cuya madre ignora su nombre.

La gloria del faraón está en el cielo,

su poder, en el horizonte

como su padre, el dios Itemu quien lo engendró,

el faraón es ahora más poderoso que él.

es el toro del cielo,

quien conquista a voluntad;

vive de la existencia de cada dios,

y  come sus entrañas,

pues sus cuerpos viven llenos de magia.

El faraón es alguien provisto,

reúne sus espíritus;

porque es el faraón es quien hará justicia

en compañía de Aquel cuyo nombre está oculto,

el día del asesinato de Los Más Antiguos.

El faraón es aquel que come hombres y vive de los dioses,

come su magia y engulle sus espíritus;

y a quien encuentra en su camino,

lo devora en pedazos.

Porque el faraón es un dios,

más antiguo que el más antiguo,

se alimenta de los pulmones de los sabios,

y está satisfecho de vivir de los corazones y de sus magias; se alegra cuando están en su vientre.

Las dignidades del faraón serán apartadas de él, porque él ha engullido la inteligencia de todos los dioses.

La duración de la vida del faraón es la perpetuidad,

pues, ha arrebatado las sombras a sus propietarios.

Apreciamos que la comida es asociada con la eternidad, es más, la perpetuidad de la vida del faraón depende de ella; de lo fisiológico se va a lo espiritual, pero sin romper del todo los lazos entre ambas cosas.

Los primeros en rechazar todo tipo de canibalismo, fuese literal o simbólico, fueron los griegos; dentro de su mitología, Tántalo era un semidiós hijo de Zeus y Pluto, pero tan cercano y tan querido por los dioses que comía con ellos, existen varias versiones acerca de la ofensa cometida contra los dioses, me interesa señalar al menos dos: Cocinó a su propio hijo para darlo de comer a los dioses, o bien robó néctar y ambrosía (la comida de aquéllos) para dársela a los mortales. Del castigo hay dos variantes, la primera consistía en tener sobre su cabeza una piedra siempre a punto de caer, pero manteniéndose en equilibrio eterno, en la segunda es condenado a pasar eternamente hambre y sed, estando sumergido en agua hasta el cuello sin poder beberla, porque cuando lo intentaba las aguas retrocedían, y aunque una rama cargada de frutos pendía sobre su cabeza, en cuanto levantaba el brazo para alcanzarlos, la rama era movida por el viento, quedando lejos de su alcance[2]. El trágico final de Tántalo puede considerarse como un rechazo total por parte de la cultura griega al canibalismo. El reinado de Saturno, el dios romano de la agricultura y la cosecha, es anterior al que se denomina como mitología pagana, siendo una especie de teísmo monoteísta. Saturno tuvo varios hijos que devoró al momento de su nacimiento, pues sabía que sería derrocado por uno de ellos, y en efecto, Júpiter, salvado por su madre, expulsó a su padre del cielo, quedando éste en la condición de simple mortal.

Los discursos míticos nunca han sido sociales, sino discursos de reinados familiares, que vuelven pública la intimidad de los dioses, podría decirse que el primer paso para que se dé la fusión del hombre con el dios, es la intimidad, así, el faraón engullía la inteligencia de todos los dioses, y era más poderoso y antiguo que su padre, el primer dios; en la mitología romana y griega hay una doble inversión de este rito: Ya no es el hijo quien come al dios, sino al revés, y además, es una práctica condenada, donde no se gana, más bien, se pierde. El cristianismo también mantiene un discurso familiar, Jesús, el hijo de dios es sacrificado como eran sacrificados los hijos de Saturno, pero no es sacrificado ya por un dios, sino por los humanos, pero Jesús no era un mortal más, dicho de otra manera, dios trajo el cielo a la tierra, y ofreció la eternidad a los mortales a través de una deidad inmanente. En realidad, el mortal no puede matar a dios, al menos no con métodos materiales, es, pues, absurdo pensar que se puede matar a un dios a golpes o crucificándolo, sobre todo si se trata de un ser que cura a los enfermos, y revive a los muertos; es necesario y de vital importancia, el rito en la tradición cristiana, lo que había de divino en Jesús, no murió en la cruz, sino que fue entregado a los hombres por medio de la comunión de su carne y su sangre en la última cena, debe tenerse en cuenta que Jesús no hizo más milagros después de aquel suceso, y que la tortura humana no hubiese sido nada para un dios, el peso de la cruz no tenía que representar el menor martirio para un ser  que pudiese haber movido montañas de haberlo querido: Lo que murió en la cruz, fue solamente el cuerpo de Jesús como mortal, debe entenderse que la parte espiritual ya no estaba con él al momento de la crucifixión, esto se puede observar cuando Jesús dice “Padre, ¿por qué me has abandonado?”

El canibalismo ritual penado por los griegos, es retomado por el cristianismo, estando en este aspecto, muy cercano a los egipcios que por medio del alimento y otros rituales obtenían la inmortalidad, queda corroborado esto en el Compendio del Catecismo de la Doctrina Católica donde se dice lo siguiente con respecto a la Eucaristía: Es signo de unidad, vínculo de caridad y banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da prenda de la vida eterna. Jesús mismo, dice que su sangre es derramada en esa última cena, mientras invoca al ritual (cito)

Tomad y comed, este es mi cuerpo que será entregado por vosotros para el perdón de los pecados. Tomad y bebed todos de él porque esta es mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía.

Cfr. Mateo 26:26-29; Marcos 14:22-25; Lucas 22:19-20; Icor 11:23-26

Las prácticas míticas de canibalismo, al ser simbólicas, permiten que una gran cantidad de personas las practiquen sin estar conscientes de ello al ser inculcadas desde la niñez sin ninguna explicación, por lo que se siguen practicando mucho tiempo después de haberse concebido.

En lo personal nunca me gustó ir a las iglesias, la religión dice estar en contra de la violencia en las casas, en los juegos de video, en la sociedad, en nuestras calles, pero son ellos los primeros  en ponernos la imagen de un cadáver crucificado como símbolo de adoración, que se ha convertido en algo tan normal que es inculcado sin ningún pudor por los padres a los hijos; después pensé que era mucho más amigable la imagen de la última cena, pero pronto descubrí que era mucho más peligrosa, pues usaba una práctica común para ocultar un acto de ultraviolencia con un velo de inocencia; esto ya fue trabajado de manera brillante en la pintura por Goya: El sueño de eternidad es uno más de los tantos monstruos que ha engendrado la razón.

Pero ¿por qué en culturas tan diferentes es tan importante la comida dentro del ámbito ritual?, ¿de dónde viene la asociación entre comida y eternidad? La ambrosía de los griegos está relacionada con la amrita hindú (que significa literalmente “sin muerte”), una bebida que confirió la inmortalidad a los dioses que debido a la maldición del sabio Durvasa, la habían perdido, para remediarlo batieron el océano de leche, y lo bebieron. La asociación proviene de las culturas matriarcales, mientras más retrocedemos en el tiempo, aumente la importancia y supremacía de la mujer.

Cuando los hombres eran nómadas, la búsqueda de alimento era una aventura en donde se arriesgaba la vida, si se equivocaban de camino y llegaban a un lugar desierto, toda la tribu podía perecer, se iba arrasando con el alimento de un lugar a otro, el alimento perecía rápidamente, los animales se mataban y se consumían, no se podía renovar ese tipo de alimento.

En el neolítico la humanidad se vuelve sedentaria gracias al descubrimiento de la agricultura, se logra una especie de permanencia que, una vez idealizada, se convirtió en eternidad, se piensa que la tierra es un ser vivo del cual nos alimentamos, pero no se trata de cualquier alimento, se trata de la madre, de la diosa: Así como una mujer amamanta a su hijo para que crezca sano y fuerte, la tierra con sus dones alimentaba a las comunidades humanas; en aquel tiempo se extrajo la figura  femenina a sus formas esenciales y se exageraron los atributos sexuales, pues eran símbolo de la fertilidad y la abundancia: La madre tierra podía alimentarnos sin morir, el alimento se volvió sagrado y ritual, se asoció con la eternidad.

Poco después se comienzan a domesticar a los animales y se los utiliza para cultivar el campo, y se cree que éstos fertilizan a la tierra, luego, al mirar el cielo, creyeron verlos en las estrellas, los animales se volvieron dioses, y representan desde entonces a la masculinidad, por ejemplo en la  mitología iraní, se dice que el primer ser del mundo fue un toro blanco y resplandeciente como la luna (nótese que incluso en los egipcios encontramos que “el faraón es el toro del cielo”, y “se alimenta de sus madres”; no es casualidad que los personajes de los que he hablado el día de hoy y que han cometido canibalismo, sean todos masculinos, la mujer siempre ha estado más cerca de la eternidad que el hombre, de ahí todas esas locuras que tiene que hacer él en su intento por alcanzarla. Incluso los dioses se alimentan de la eternidad impersonal, intuitiva, femenina y felina. Pienso que toda ideología tiene su origen en el cuerpo, si no fuésemos seres mamíferos, las mitologías del mundo serían muy distintas.

Así, los personajes de Conservación, son noche en primer lugar, pero eso deberá descifrarlo el lector por experiencia propia, en segundo lugar, son tiempo, si saben observar con cautela, encontraran en ellos todas las transformaciones de las culturas a lo largo de la historia de la humanidad con respecto a este tema, incluso las que todavía no acontecen, todo esto en unas cuantas cuartillas esa es la magia del arte y la literatura, pues ahí pueden reunirse épocas, lugares, disciplinas e incluso demonios, sin caer en un discurso extenso, pesado e imposible, pues hoy he tratado el tema de la manera más simple y resumida, pero si intentase hacer un trabajo más serio, seguramente tendría que estudiar distintas disciplinas a fondo, y no me alcanzaría la vida para terminar mi trabajo ni al lector las ganas para leerlo.


[1] Los textos de las pirámides, tr. Francisco López y Rosa Thode, Declaración 237 y 274 El Faraón caza y devora a los dioses, pp. 72-75.

[2] Arthur Schopenhauer. El mundo como voluntad y representación. Edición y Traducción de Roberto R. Aramayo. F. C. E. Madrid. 2005, tomo I, p. 287

Jul 31

¿La “Conservación” será conservadora?

¿Quién es la noche?

“¿Quién es la noche?”, coordinador Rogelio Laguna, Ciudad de México, MC editores, 2009, p. 162.

Libro disponible en todo México gracias a la UNAM y CONACULTA (en las librerías EDUCAL).

¿Quién es la noche? es un libro recién publicado en el que participo con un cuento y una poesía, de ésta última, una vez hablando con la Doctora en filosofía Sonia Torres (autora del libro sobre mi filósofo preferido del siglo XX, Deleuze y la sensación. Catástrofe y Germen, y quien ha influido enormemente en mi trabajo) me decía que no podía hablar en la presentación del libro, que era demasiado íntima, en ese momento me di cuenta de que yo mismo no tenía nada que decir acerca de dicha poesía, sin embargo, en un mail, con esa intimidad de las letras y los signos, Sonia me explicaba con más detalle su pensar, pero sobre todo, su sentir, con ese lenguaje poético propio de ella, que me sorprendió tanto, y que considero digno de citarse (espero me perdone por revelar esa visión intuitiva que sólo pueden tener las mujeres, al encontrar con una facilidad no fingida, una manera hermosa de decir lo que he sentido y aún siento al escribir poesía, algo que me sobrepasa y que intento, pero no comprendo):

“A menudo el secreto deseo de la poesía es alcanzar la Diana sin que ella lo sepa; atravesarle el corazón sin tener que estar frente a ella, engendrar alguna emoción sin tener que disimular el enrojecimiento… Me gusta tu poesía; breve, intensa, insisto: íntima. Por eso no la toco, por respeto a una complicidad de tu alma con un sueño.”

Y siendo la poesía una diosa, un ser sagrado e inalcanzable, infinito y eterno, no diré más hoy acerca de ella, como quien se queda sin palabras al ver el firmamento.

A continuación, presentaré un pequeño prólogo que fue escrito por Roberto Belarmino, gran amigo mío, para el cuento titulado Conservación, esperando que sean comprensivos por el fuerte contenido, y por supuesto que sea de su agrado, tanto, como para atreverse a leer de una vez ¿Quién es la noche? Y si desean que el autor hable sobre su obra (aunque no me parece buena idea porque el espectador es siempre más “objetivo” -sea dicho en sentido poético-), diré únicamente que el tema principal de mi cuento es la esperanza, leamos, pues, cómo un apreciado lector mío lo explica, agradeciéndole de antemano, su presencia en la inauguración de esta página:

Sin duda, Abraham Carrillo es el escritor más conservador de todo el libro, digo esto en varios sentidos.

En nuestros días, la filosofía, la ciencia y el arte han dejado de lado muchas cosas, empezando por la creencia, la creencia en todo lo que no se puede ver, la creencia en la firmeza. Conservación es una crítica a la posmodernidad que cree haberse librado de todos sus demonios, o al menos lo ha intentado inútilmente.

La ciencia confirma sus dogmas con experimentos empíricos, y todo aquello que no se puede comprobar de tal manera, es charlatanería según dicen. La filosofía, por su parte, no va muy lejos, no hay Dios, no hay belleza, no hay bien ni maldad, no hay verdad… y del amor, casi se me olvidaba, y es que desde hace siglos nadie habla de él, ni siquiera para decir que no existe, sólo se habla de esa basura pop, el amor se ha vuelto una canción de regadera: Por eso recurro al arte, ese quehacer milenario que logra conservarse, aunque no como uno quisiera. No recurro a la religión: ¿cómo podría aferrarme de lo que ya está muerto?, además, ¿quién será tan pretensioso como para intentar formar una nueva religión e influir con ello en la sociedad que ahora sólo busca diversiones y consumismos? ¿Qué fue de la familia?, los cuentos de niños no hablan la mayoría de las veces de la familia ni les interesa hacerlo, nos muestran únicamente una historia fugaz, una aventura ficcional donde el único amor primario, es el filial: ¿entonces por qué les cuesta tanto trabajo a los adultos hablar sobre el tema con los pequeños?

Uno se encuentra dentro de una familia, luego crece y ¿cuál es el fin entonces? Formar una nueva familia, hacerla más grande, dejar que permanezca: el amor en este mundo primigenio es el familiar, y es cierto, hay amor de pareja, pero esa pareja une familias y las renueva, es decir, el amor de pareja viene del amor familiar y va hacia él nuevamente, sólo el amor puede unir a las almas en una comunión, en un fuego íntimo, interno, oculto, sagrado y eterno… pero, lo que se conserva es aburrido, viejo, monótono, queremos siempre la mayor novedad, aquello que se desea para ser abandonado por algo nuevo nuevamente y que será fugaz de igual forma. Los valores, la tradición, la familia, y todo lo antiguo es algo conservador, es peor que malo pues la maldad es vieja, o en todo caso la maldad misma es conservadora. Pero, si no hay maldad según los posmodernos, ¿por qué ese afán de ir en contra de todo lo conservador como si lo conservador fuese malo? Antes la gente temía ser liberal, ahora teme ser conservadora. Se habla todo el tiempo de lo fugas, y las parejas no perduran porque todo lo que perdura…

Y no podemos dejar de buscar lo conservador, porque entonces no hay distinción entre lo liberal y lo que es basura, nacido para usarse, tirarse y en el mejor de los casos, reciclarse; por eso -¡con perdón del autor!-, declaro este cuento, como el más conservador de todo el libro, un cuento que quiere ser llamado así, fue diseñado para eso y considero errada cualquier otra interpretación posmoderna posible. Estoy seguro de que Abraham Carrillo no teme ni se arrepiente de ello, defiende su postura conservadora orgullosamente, tanto, como para presumirla en el título de su cuento. ¡Bien por él!, nunca me ha defraudado.

El autor cree, pues, en lo viejo, y mientras más viejo, mejor y más conservador; cree en la familia, en Dios, pero sobre todo, en la unidad. La familia no es nada si no está unida, pero ¿hasta dónde somos capaces de luchar por mantenernos unidos? Abraham Carrillo no debe sentirse solo en el mundo y frente al mundo, debe saber que hay gente como yo que lo apoya aunque muchos rechacen su postura, nosotros estamos unidos, y me alegro por eso, pero algo nos separa: La unión misma, mejor dicho, la esperanza en la unión.

En la familia, la sociedad, el estado, los gobiernos y los países se busca la unión, y más allá, lo desea la humanidad entera, lo desea Dios, pero cada quien tiene su manera de hacer las cosas; a veces, nos enojamos con los familiares por buscar formas distintas de lograr lo que se busca cuando lo ya probado no funciona, se lucha entonces contra la unión y su viejo plan común para buscar un plan propio mediante el cual llegar a ello, sin embargo, incluso hoy en día, los nuevos planes son actualizaciones de los viejos; lo original surge a base de un origen como se sabe, de ahí la originalidad de Abraham Carrillo, al buscar y encontrar en los escritos religiosos todo lo que necesita para renovar al mundo, o al menos compartir con nosotros esa fe tan intensa que él tiene, lo original es, pues, otra manera de acceder al comienzo: El que es original actualiza el origen, lo trae a nuestra era y a muchas más; pero existe otro problema que ya se mencionó y que no debe olvidarse: ¿hasta dónde ha de llevarnos el ideal en nuestra búsqueda de unión?, quizá el problema no es seguir el ideal equivocado, porque no lo es, sino que no estamos listos para él y aguarda el momento y la persona indicada para poder ser realizado: ese momento y ese ser se dan en la obra de Abraham Carrillo, su obra es más conservadora de lo que él y yo podamos ser, y por ello, en ella se  lucha bajo las condiciones más adversas,  manteniendo así la unidad de la familia, y por supuesto, los personajes resultan vencedores por la gran fe en el bien, en la verdad, en el hombre y en Dios. Quizá los demás lectores no estarán de acuerdo y quizá tengan razón, el que triunfa no es el personaje de carne y hueso, tampoco el personaje ficticio, sino el ideal.

Con profundo cariño para Abraham Carrillo,

Roberto Belarmino

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