Este ensayo habla sobre el siguiente cuento:
Abraham Carrillo. “[Conservación]“, en “¿Quién es la noche?”, coordinador Rogelio Laguna, Ciudad de México, MC editores, 2009, p. 162.
Libro disponible en todo México gracias a la UNAM y CONACULTA (en las librerías EDUCAL).
En la primer presentación de ¿Quién es la noche? Una de las exponentes me preguntaba si los antecedentes de mi cuento podían encontrarse en ese tipo de películas donde la sobrepoblación humana acaba con el alimento al grado de tener que comernos unos a otros para sobrevivir, ese tipo de películas nos muestran un mundo repleto de humanos, en cambio, el paisaje de mis personajes es mucho más íntimo, desolado y vacío, tanto, que es difícil, y probablemente imposible ubicarlos en un espacio-tiempo específico. No se trata de no tener qué comer e ingerir al que tengo a lado, es mucho más complejo que eso y hay bastante historia con respecto al canibalismo ritual y familiar, no solamente como satisfacción del hambre, sino sobre todo, una satisfacción psicológica, si bien, todo rasgo psicológico tiene su origen en el cuerpo.
El arte suele exaltar las cosas al grado de mostrarnos un mundo que pareciera estar fuera de éste, pero no es así; no hablo de cosas ajenas a nuestras vidas, pues ¿cómo debemos definir el término “canibalismo”? ¿Comete canibalismo el que instintivamente se lame una herida?, ¿o el que se muerde las uñas? O ¿acaso es un amante caníbal quien saborea la piel, la saliva y el cuerpo de su pareja? ¿Lo es el recién nacido que se amamanta inocentemente de su progenitora? ¿A partir de qué porción se considera canibalismo, cinco mililitros de sangre, cinco gramos de carne, diez kilos, veinte?
Digo esto desde el punto de vista meramente fisiológico, pero de igual manera en la ideología el tema nos ha acompañado a lo largo de la humanidad, y no es para nada un tema secundario, se encuentra en gran parte de las mitologías del mundo (quizá en todas de una u otra manera), y no se ha tratado el tema tan profundamente, por mero prejuicio, y es necesario hacerlo para poder entender el efecto psicológico de las creencias religiosas sobre las personas, para ello, en primer lugar, se debe saber observar la historia, los personajes y mitologías involucradas, en segundo lugar, se debe saber reproducir y describir aquello que se estudia, pues si el discurso intenta hacer una crítica social, no puede censurar aquello que precisamente se proponía poner en evidencia; una vez logrado todo esto, se pueden formular teorías acerca del origen de determinadas conductas humanas, sus consecuencias, y el modo en que pueden influir en las sociedades, hoy presentaré a grandes rasgos la historia del tema que nos toca y algunas conclusiones a las que he llegado.
La mitología egipcia es una mitología de transformaciones, de magia y de rituales; la muerte no es otra cosa sino un camino de transformación hacia la eternidad: Si el arte y las creencias se mantuvieron por tanto tiempo, fue justamente porque permitían el cambio. Culturas posteriores enfocaron toda su fuerza en mantener las cosas siempre de una misma manera, mientras los egipcios buscaban el cambio por un lado, y la permanencia por el otro: Se trata de una ideología que está pensando al hombre y a la divinidad en términos muy ambiciosos y poderosos. Su dios, por ejemplo, es creador de todo lo existente, pues ¿qué ha existido por siempre y para siempre, y no puede ser creado ni destruido en la tradición cristiana que es la que tenemos más cercana? Dios mismo, entonces hay al menos una cosa que el dios cristiano no pudo crear: No se pudo crear él mismo ni autodestruirse (no puede tampoco conocer la muerte directamente, sino sólo a través de todo lo mortal). Si consideramos que es más difícil crear que destruir, el dios egipcio no solamente tiene el poder de crearse, sino de crear a otros dioses, pero también de destruirlos y autodestruirse, es un dios que no teme a la muerte pues no es más poderosa que él, en este sentido, los egipcios tenían una ideología de vida, y de su triunfo sobre la muerte, ya que no por la existencia de la muerte el dios perece, pues tiene el poder de volver a crearse cuantas veces quiera, ni la vida ni la muerte le son ajenos, no le importa perder la conciencia ni morir a manos de los hombres y sus ritos. Una vez permitida la transformación de dios, el universo mismo perece y renace todo el tiempo, es siempre nuevo; los hombres, por su parte, pueden transformarse, e incluso volverse más poderosos que el más poderoso de entre todos los dioses; Los textos de las pirámides son una colección de textos religiosos grabados en las paredes de las pirámides de faraones a partir de la V dinastía (hace aprox. 4,500 años), constituyen el conjunto de escritos religiosos más antiguos descubiertos hasta ahora, eran considerados dignos de eternidad y guiaban a los faraones en su camino a la trascendencia, “el canibalismo debió ser una práctica frecuente, no en la V dinastía, pero sí en épocas predinásticas”[1]:
El cielo está nublado,
las estrellas se oscurecen,
las extensiones celestes tiemblan,
los huesos de los dioses de la tierra se estremecen
los planetas se detienen,
porque han visto al faraón aparecer poderoso
como un dios que vive de sus padres
y se alimenta de sus madres;
el faraón es un maestro de la sabiduría
cuya madre ignora su nombre.
La gloria del faraón está en el cielo,
su poder, en el horizonte
como su padre, el dios Itemu quien lo engendró,
el faraón es ahora más poderoso que él.
es el toro del cielo,
quien conquista a voluntad;
vive de la existencia de cada dios,
y come sus entrañas,
pues sus cuerpos viven llenos de magia.
El faraón es alguien provisto,
reúne sus espíritus;
porque es el faraón es quien hará justicia
en compañía de Aquel cuyo nombre está oculto,
el día del asesinato de Los Más Antiguos.
El faraón es aquel que come hombres y vive de los dioses,
come su magia y engulle sus espíritus;
y a quien encuentra en su camino,
lo devora en pedazos.
Porque el faraón es un dios,
más antiguo que el más antiguo,
se alimenta de los pulmones de los sabios,
y está satisfecho de vivir de los corazones y de sus magias; se alegra cuando están en su vientre.
Las dignidades del faraón serán apartadas de él, porque él ha engullido la inteligencia de todos los dioses.
La duración de la vida del faraón es la perpetuidad,
pues, ha arrebatado las sombras a sus propietarios.
Apreciamos que la comida es asociada con la eternidad, es más, la perpetuidad de la vida del faraón depende de ella; de lo fisiológico se va a lo espiritual, pero sin romper del todo los lazos entre ambas cosas.
Los primeros en rechazar todo tipo de canibalismo, fuese literal o simbólico, fueron los griegos; dentro de su mitología, Tántalo era un semidiós hijo de Zeus y Pluto, pero tan cercano y tan querido por los dioses que comía con ellos, existen varias versiones acerca de la ofensa cometida contra los dioses, me interesa señalar al menos dos: Cocinó a su propio hijo para darlo de comer a los dioses, o bien robó néctar y ambrosía (la comida de aquéllos) para dársela a los mortales. Del castigo hay dos variantes, la primera consistía en tener sobre su cabeza una piedra siempre a punto de caer, pero manteniéndose en equilibrio eterno, en la segunda es condenado a pasar eternamente hambre y sed, estando sumergido en agua hasta el cuello sin poder beberla, porque cuando lo intentaba las aguas retrocedían, y aunque una rama cargada de frutos pendía sobre su cabeza, en cuanto levantaba el brazo para alcanzarlos, la rama era movida por el viento, quedando lejos de su alcance[2]. El trágico final de Tántalo puede considerarse como un rechazo total por parte de la cultura griega al canibalismo. El reinado de Saturno, el dios romano de la agricultura y la cosecha, es anterior al que se denomina como mitología pagana, siendo una especie de teísmo monoteísta. Saturno tuvo varios hijos que devoró al momento de su nacimiento, pues sabía que sería derrocado por uno de ellos, y en efecto, Júpiter, salvado por su madre, expulsó a su padre del cielo, quedando éste en la condición de simple mortal.
Los discursos míticos nunca han sido sociales, sino discursos de reinados familiares, que vuelven pública la intimidad de los dioses, podría decirse que el primer paso para que se dé la fusión del hombre con el dios, es la intimidad, así, el faraón engullía la inteligencia de todos los dioses, y era más poderoso y antiguo que su padre, el primer dios; en la mitología romana y griega hay una doble inversión de este rito: Ya no es el hijo quien come al dios, sino al revés, y además, es una práctica condenada, donde no se gana, más bien, se pierde. El cristianismo también mantiene un discurso familiar, Jesús, el hijo de dios es sacrificado como eran sacrificados los hijos de Saturno, pero no es sacrificado ya por un dios, sino por los humanos, pero Jesús no era un mortal más, dicho de otra manera, dios trajo el cielo a la tierra, y ofreció la eternidad a los mortales a través de una deidad inmanente. En realidad, el mortal no puede matar a dios, al menos no con métodos materiales, es, pues, absurdo pensar que se puede matar a un dios a golpes o crucificándolo, sobre todo si se trata de un ser que cura a los enfermos, y revive a los muertos; es necesario y de vital importancia, el rito en la tradición cristiana, lo que había de divino en Jesús, no murió en la cruz, sino que fue entregado a los hombres por medio de la comunión de su carne y su sangre en la última cena, debe tenerse en cuenta que Jesús no hizo más milagros después de aquel suceso, y que la tortura humana no hubiese sido nada para un dios, el peso de la cruz no tenía que representar el menor martirio para un ser que pudiese haber movido montañas de haberlo querido: Lo que murió en la cruz, fue solamente el cuerpo de Jesús como mortal, debe entenderse que la parte espiritual ya no estaba con él al momento de la crucifixión, esto se puede observar cuando Jesús dice “Padre, ¿por qué me has abandonado?”
El canibalismo ritual penado por los griegos, es retomado por el cristianismo, estando en este aspecto, muy cercano a los egipcios que por medio del alimento y otros rituales obtenían la inmortalidad, queda corroborado esto en el Compendio del Catecismo de la Doctrina Católica donde se dice lo siguiente con respecto a la Eucaristía: Es signo de unidad, vínculo de caridad y banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da prenda de la vida eterna. Jesús mismo, dice que su sangre es derramada en esa última cena, mientras invoca al ritual (cito)
Tomad y comed, este es mi cuerpo que será entregado por vosotros para el perdón de los pecados. Tomad y bebed todos de él porque esta es mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía.
Cfr. Mateo 26:26-29; Marcos 14:22-25; Lucas 22:19-20; Icor 11:23-26
Las prácticas míticas de canibalismo, al ser simbólicas, permiten que una gran cantidad de personas las practiquen sin estar conscientes de ello al ser inculcadas desde la niñez sin ninguna explicación, por lo que se siguen practicando mucho tiempo después de haberse concebido.
En lo personal nunca me gustó ir a las iglesias, la religión dice estar en contra de la violencia en las casas, en los juegos de video, en la sociedad, en nuestras calles, pero son ellos los primeros en ponernos la imagen de un cadáver crucificado como símbolo de adoración, que se ha convertido en algo tan normal que es inculcado sin ningún pudor por los padres a los hijos; después pensé que era mucho más amigable la imagen de la última cena, pero pronto descubrí que era mucho más peligrosa, pues usaba una práctica común para ocultar un acto de ultraviolencia con un velo de inocencia; esto ya fue trabajado de manera brillante en la pintura por Goya: El sueño de eternidad es uno más de los tantos monstruos que ha engendrado la razón.
Pero ¿por qué en culturas tan diferentes es tan importante la comida dentro del ámbito ritual?, ¿de dónde viene la asociación entre comida y eternidad? La ambrosía de los griegos está relacionada con la amrita hindú (que significa literalmente “sin muerte”), una bebida que confirió la inmortalidad a los dioses que debido a la maldición del sabio Durvasa, la habían perdido, para remediarlo batieron el océano de leche, y lo bebieron. La asociación proviene de las culturas matriarcales, mientras más retrocedemos en el tiempo, aumente la importancia y supremacía de la mujer.
Cuando los hombres eran nómadas, la búsqueda de alimento era una aventura en donde se arriesgaba la vida, si se equivocaban de camino y llegaban a un lugar desierto, toda la tribu podía perecer, se iba arrasando con el alimento de un lugar a otro, el alimento perecía rápidamente, los animales se mataban y se consumían, no se podía renovar ese tipo de alimento.
En el neolítico la humanidad se vuelve sedentaria gracias al descubrimiento de la agricultura, se logra una especie de permanencia que, una vez idealizada, se convirtió en eternidad, se piensa que la tierra es un ser vivo del cual nos alimentamos, pero no se trata de cualquier alimento, se trata de la madre, de la diosa: Así como una mujer amamanta a su hijo para que crezca sano y fuerte, la tierra con sus dones alimentaba a las comunidades humanas; en aquel tiempo se extrajo la figura femenina a sus formas esenciales y se exageraron los atributos sexuales, pues eran símbolo de la fertilidad y la abundancia: La madre tierra podía alimentarnos sin morir, el alimento se volvió sagrado y ritual, se asoció con la eternidad.
Poco después se comienzan a domesticar a los animales y se los utiliza para cultivar el campo, y se cree que éstos fertilizan a la tierra, luego, al mirar el cielo, creyeron verlos en las estrellas, los animales se volvieron dioses, y representan desde entonces a la masculinidad, por ejemplo en la mitología iraní, se dice que el primer ser del mundo fue un toro blanco y resplandeciente como la luna (nótese que incluso en los egipcios encontramos que “el faraón es el toro del cielo”, y “se alimenta de sus madres”; no es casualidad que los personajes de los que he hablado el día de hoy y que han cometido canibalismo, sean todos masculinos, la mujer siempre ha estado más cerca de la eternidad que el hombre, de ahí todas esas locuras que tiene que hacer él en su intento por alcanzarla. Incluso los dioses se alimentan de la eternidad impersonal, intuitiva, femenina y felina. Pienso que toda ideología tiene su origen en el cuerpo, si no fuésemos seres mamíferos, las mitologías del mundo serían muy distintas.
Así, los personajes de Conservación, son noche en primer lugar, pero eso deberá descifrarlo el lector por experiencia propia, en segundo lugar, son tiempo, si saben observar con cautela, encontraran en ellos todas las transformaciones de las culturas a lo largo de la historia de la humanidad con respecto a este tema, incluso las que todavía no acontecen, todo esto en unas cuantas cuartillas esa es la magia del arte y la literatura, pues ahí pueden reunirse épocas, lugares, disciplinas e incluso demonios, sin caer en un discurso extenso, pesado e imposible, pues hoy he tratado el tema de la manera más simple y resumida, pero si intentase hacer un trabajo más serio, seguramente tendría que estudiar distintas disciplinas a fondo, y no me alcanzaría la vida para terminar mi trabajo ni al lector las ganas para leerlo.
[1] Los textos de las pirámides, tr. Francisco López y Rosa Thode, Declaración 237 y 274 El Faraón caza y devora a los dioses, pp. 72-75.
[2] Arthur Schopenhauer. El mundo como voluntad y representación. Edición y Traducción de Roberto R. Aramayo. F. C. E. Madrid. 2005, tomo I, p. 287