Dios le castigó, poniéndole en
manos de una mujer.
(Libro de Judit, 16, Cap. VII)
En este trabajo me enfocaré en la novela del Curioso impertinente desde un punto de vista psicoanalítico; básicamente retomaré el estudio acerca del sadismo y el masoquismo en la Presentación de Sacher Masoch de Deleuze, y de ser necesario citaré algunos pasajes de La Venus de las pieles de Sacher Masoch. El estudio de la literatura es vital para el psicoanálisis y por eso Deleuze retorna después de que en muchos estudios acerca de la perversión, se han tomado términos que hacen referencia a ella, pero se han olvidado los estudios de los textos originales:
Tanto se nos ha hablado de la unidad sado-masoquista que hemos acabado por creerlo. Ante esta situación, no nos queda otra alternativa que empezar de nuevo desde el principio, comenzando por la lectura de Sade y Masoch. Ya que la posición clínica está llena de prejuicios, es preciso comenzar la tarea desde una zona situada fuera del campo de la clínica: la perspectiva literaria, que fue precisamente la que dio nombre a estas perversiones. Y no es mera casualidad que el nombre de dos escritores haya servido para designarlas; es posible que la crítica literaria y la clínica se hayan decidido a establecer nuevas relaciones para un mutuo enriquecimiento.[1]
De modo que aunque, se pueda decir que algunos de los personajes en las obras de diversos autores pueden tener cosas en común, la narrativa también nos ayudará a conocer el mundo en el que están inmersos para comprenderlos mejor, así, este estudio no se enfocará solamente en el análisis psicoanalítico, sino también en el filosófico y literario.
Tengo varias hipótesis y espero poder ponerlas en escena de manera correcta: A) El análisis de la institución en el sádico y el pacto en el masoquista, está presente en la novela de Cervantes, si bien no hay propiamente un sadismo ni un masoquismo; me interesa señalar que la contracción del matrimonio por parte de Anselmo con Camila, es fundamental para “desatar” este “deseo perverso” en Anselmo; de lo que se trata es mostrar qué tipo de perversión es (si lo es). Ya se mostrará en su momento a qué me refiero. B) En el sádico no hay una relación voluntaria entre torturador y víctima, en cambio, tanto en el Curioso impertinente como en La Venus de las pieles hay un acuerdo de un hombre con una mujer: El matrimonio (una relación íntima que no es de mayor importancia en la obra de Sade: El acto sádico puede ser entre dos personas o entre una multitud, justamente, porque la honra no tiene un papel dentro de este juego, según creo) y no hay propiamente una víctima ni un victimario; pero sobre todo, los personajes masculinos de ambas novelas “buscan sin buscar” que la mujer los engañe (una denegación), mientras que en el sádico no puede haber infidelidad dado que éste nunca la exige: La fidelidad o la infidelidad le tienen sin cuidado. C) La honra juega un papel importante en el desarrollo psíquico de los personajes de la novela cervantina, cosa que tienen en común con los personajes de Masoch. D) Hay una preocupación respecto a “la culpa” tanto por parte de Anselmo, Lotario y Camila, aunque cada uno por diversas razones (en Lotario hay, hasta cierto punto, una conexión con el sentimiento de culpa, por ideologías religiosas); señalaré que en esto, dichos personajes se encuentran cercanos al masoquismo (sobre todo Anselmo), pues, de nuevo, esto no le interesa en lo más mínimo al sádico, mientras que para el masoquista, se necesita recibir un castigo antes “del delito”, del acto perverso, para liberarse de el sentimiento de culpa, por así decirlo, paga su deuda por adelantado. E) Tanto Anselmo como Severino (el personaje masoquista de Masoch) tienen la idea de una mujer “pura”, honesta, fiel, etc., sin embargo, esperan que ella engañe al hombre; se ve a la mujer, hasta cierto punto, como “bipolar”, o mejor dicho, con un carácter dinámico extremista, se transforma (si bien, los personajes masculinos se transforman también tanto en Cervantes como en Masoch, donde el hombre juega un papel activo, sin él cual, la mujer no realizaría dicho cambio). En dichas novelas se habla de amor, pero se trata más bien, de un juego destructivo. F) En La Venus de las pieles y en el Curioso impertinente actúa “un tercero” en la relación de pareja, si bien Lotario es amigo de Anselmo, mientras que “el griego” es para Severino, lo contrario; aunque este “tercer personaje” tiene, en ambos casos, un final trágico (en ambas novelas mueren), y en ambos casos, influyen decisivamente en la autodestrucción de la relación.
El contexto del Curioso impertinente en el Quijote
Cervantes provoca una curiosidad en el lector, incluso antes de leer la novela. Señalo esto para resaltar esa facilidad por su parte, para causar un efecto psicológico en el receptor, y la gran capacidad que tiene para expresar la psicología de los personajes; porque, tanto el analista (que escribe acerca de sus pacientes), como el escritor (que crea personajes), recrean la perversión y la locura a la perfección: me parece interesante rescatar a Cervantes, como el gran literato, pero también como el gran psicólogo.
Uno, como receptor, es un curioso incluso antes de comenzar a leer la novela inmersa en el Quijote; a uno le surgen dudas desde el inicio, la primera es, dentro del mundo cervantino ¿quién es el autor del Curioso impertinente?; en el Quijote se han hecho varios juegos con el autor o supuesto autor de la obra, y por supuesto, los personajes son considerados “autores” al ser una historia verídica escrita por Cide Hamete Benengeli y traducida del árabe si nos atrevemos a sumergirnos realmente en la obra, (Grisóstomo, por ejemplo, es escritor de poesía), sin embargo, la novela del Curioso impertinente es el texto más largo introducido en la obra hasta ahora, y no por ello se menciona el nombre del autor; aquí las palabras del ventero presentando dicho escrito al cura:
Le hago saber que algunos huéspedes que aquí la han leído les ha contentado mucho, y me la han pedido con muchas veras; mas yo no se la he querido dar, pensando volvérsela a quien aquí dejó esta maleta olvidada con estos libros y esos papeles, que bien puede ser que vuelva su dueño por aquí algún tiempo, y aunque sé que me han de hacer falta los libros, a fe que se los he de devolver, que, aunque ventero, todavía soy cristiano.[2]
Se trata de una novela digna de ser robada (u ocultada al menos, no para censurarla, sino para conservarla), según afirma el ventero, y quizá diga que la devolverá a su dueño cuando venga para que no se la quieran llevar (dado que otros huéspedes han pretendido hacerlo), no develando sus deseos frente al cura de querer quedársela. En cualquier caso, nace la pregunta ¿quién es ese viajero anónimo?, ¿los demás libros y papeles son escritos por él?, ¿un autor olvidaría tan fácilmente su obra?, ¿le ocurriría algo y por ello no regresó?, ¿de dónde venía y a dónde iba?, ¿qué decían aquellos papeles?, ¿el Curioso impertinente es lo único “interesante” o lo único leído por el ventero y los anteriores huéspedes?, etc.
¿Existen otras copias de aquellos escritos?, aparentemente no, porque sólo el ventero los conocía, y el cura prosigue:
Vos tenéis mucha razón, amigo –dijo el cura- , mas, con todo eso, si la novela me contenta, me la habéis de dejar trasladar.[3]
Pero al terminar la lectura de la novela, el cura no insiste en trasladarla:
—Bien -dijo el cura- me parece esta novela, pero no me puedo persuadir que esto sea verdad; y si es fingido, fingió mal el autor, porque no se puede imaginar que haya marido tan necio, que quiera hacer tan costosa experiencia como Anselmo.[4]
De Don Quijote se dice que es un personaje tan original, que no habría mentiroso que pudiese inventarlo si así lo desease:
Pero ¿no es cosa extraña ver con cuánta facilidad cree este desventurado hidalgo todas estas invenciones y mentiras, sólo porque llevan el estilo y modo de las necedades de sus libros?
-Sí es –dijo Cardenio-, y tan rara y nunca vista, que yo no sé si queriendo inventarla y fabricarla mentirosamente hubiera tan agudo ingenio que pudiera dar en ella.
El cura habla de Anselmo como un personaje inventado, donde el autor, no pudo fingir de buena manera, esto crea el efecto de veracidad en las aventuras de Don Quijote, mientras que Anselmo sería algo meramente ficticio.
En este sentido, apreciamos el ingenio tanto de Cervantes como de Velásquez (en “las Meninas”), como psicólogos para causar una intriga en el receptor, y para mostrarnos “lo que está oculto”.
El origen del deseo perverso en Anselmo, factores: El matrimonio, el sentimiento de culpa y la denegación de la institución y el pacto mientras no se pierda la honra
Una vez en la novela, lo primero que está oculto (implícitamente), es el pasado de los personajes; lo segundo, y que es develado, es el deseo de Anselmo, si bien, no lo dice como cualquier cosa:
Con todas estas partes, que suelen ser el todo con que los hombres suelen y pueden vivir contentos, vivo yo el más despechado y el más desabrido hombre de todo el universo mundo, porque no sé de qué días a esta parte me fatiga y aprieta un deseo tan extraño y tan fuera del uso común de otros, que yo me maravillo de mí mismo, y me culpo y me riño a solas[5], y procuro callarlo y encubrillo de mis propios pensamientos, y así me ha sido posible salir con este secreto como si de industria procurara decillo a todo el mundo.[6]
Anselmo no sabe lo que le ocurre, y cuando intenta convencer a Lotario de que seduzca a Camila, hace énfasis dos veces en que es su esposa, por ello considero que esto es importante, teniendo en cuenta que si Anselmo tuvo novias antes de casarse, no había este “deseo perverso”, pero aunque esto no haya sido así, se trata de una transformación que se da después del matrimonio, pues incluso su mejor amigo no conocía este lado de Anselmo y ni siquiera él mismo. Y así, en el momento en que Anselmo hace saber al amigo su secreto (tras un suspense del cual se sorprende Lotario[7]), hace énfasis en lo ya mencionado:
Y con esa confianza te hago saber, amigo Lotario, que el deseo que me fatiga es pensar si Camila, mi esposa, es tan buena y tan perfecta como yo pienso, y no puedo enterarme en esta verdad si no es probándola de manera que la prueba manifieste los quilates de su bondad, como el fuego muestra los del oro.[8]
Y poco más adelante:
De modo que por estas razones, y por otras muchas que te pudiera decir para acreditar y fortalecer la opinión que tengo[9], deseo que Camila, mi esposa[10], pase por estas dificultades y se acrisole y quilate en el fuego de verse requerida y solicitada[11] (Cervantes p. 331)
Dado el ingenio de Cervantes, podemos pensar que la repetición en estos casos es intencional (es un recurso literario) y no accidental, Deleuze señala que la repetición juega un papel importante tanto en Sade como en Masoch:
La función imperativa y descriptiva del lenguaje, con Sade llega a convertirse en pura función demostrativa; con Masoch, en función dialéctica, mítica y persuasiva. Esta distinción de funciones es algo esencial de las dos perversiones.[12]
Así pues, la repetición adquiere, en el sadismo y masoquismo, dos cualidades completamente diferentes, según se manifieste como aceleración y condensación sádicas o se transforme en la fijación y en el suspense masoquistas.[13]
La insistencia en el matrimonio repercute directamente en Lotario, uno pensaría que si le pide a un amigo que seduzca a la esposa, esto no se tiene que recalcar para no marcar una prohibición que le impedirá actuar, pero, esto refuerza la amistad y la confianza, porque si bien, no es “correcto” lo que Anselmo pide, la amistad y la confianza no son “incorrectas”, Anselmo ya ve a Lotario como un “aliado” de modo que a partir de lo que comparten ambos, Anselmo va ganando terreno, hasta que “domina” a Lotario psicológicamente, y a partir de él, desea dominar y poseer a Camila; ella no sabe de este “juego”, es una especie de víctima de los deseos de su esposo; Lotario finalmente, llega a buscar la posesión de Camila, comparte este aspecto del sádico junto con Anselmo; hay una transformación de ambos.
En la Edad Media se distinguía con claridad dos tipos de relación diabólica, o dos perversiones fundamentales: una por posesión y otra por pacto o alianza. El sádico piensa en términos de posesión “instituida”, y el masoquista, en términos de alianza “contractual”. La obsesión propia de todo sadismo es la posesión; la del masoquismo, el pacto.[14]
El matrimonio es impuesto por la sociedad, en este sentido, las personas en la sociedad serían libertinos, y los casados jugarían el papel de victimas; pero también, el matrimonio es un pacto voluntario e intimo entre dos personas donde está implícita la fidelidad (un acontecimiento, sin más, masoquista).
La distinción jurídica entre contrato e institución es suficientemente clara: el contrato en principio, supone la voluntad de los contratantes y define entre ellos un sistema de derechos y deberes, no se opone a terceros y su duración es limitada; la institución tiende a definir un estatuto de larga duración que es involuntario e intransferible y constitutivo de un poder cuyo efecto puede perjudicar a terceros.[15]
El matrimonio es un suceso que se afirma de manera común en la sociedad, pero Anselmo tomará estos dos aspectos del matrimonio, y afirmándolos por separado, los negará (una denegación que volverá ese acto común, en un acto perverso). Por un lado, hará un pacto con Anselmo para poseer a Camila (sádico); y por el otro, romperá la fidelidad de Camila mediante su búsqueda (masoquista).
Anselmo se relaciona con Lotario de manera institucional para poseer a Camila, donde ésta no puede participar de manera directa puesto que “el juego” funciona solamente si ella no sabe acerca de la institución entre ellos. La institución con Lotario no es para poseerla corporalmente, si bien, se busca que Lotario la seduzca para probar la fortaleza del carácter de Camila; Anselmo quiere saber qué tanto la posee sentimentalmente (quizá también psicológicamente): En este sentido, Anselmo mantiene una característica del sádico y una del masoquista. La relación de los libertinos en Sade es como la de los dos amigos, pues exige la protección directa de unos a otros (sin que uno esté por encima), para no resultar muertos por las victimas, pero el sádico no tiene ningún problema en compartir a la victima con otro libertino, y en este sentido no hay exigencia de fidelidad, y de hecho no la puede haber dado que la fidelidad funciona a través de un pacto voluntario, esto sí sucede en la relación masoquista: Se afirma la fidelidad con la pretensión de acabar con ella. Anselmo afirma:
…y si ella sale, como creo que saldrá, con la palma de esta batalla, tendré yo por sin igual mi ventura y cuando esto suceda al revés de lo que pienso, con el gusto[16] de ver que acerté en mi opinión llevaré sin pena la que de razón podrá causarme mi tan costosa experiencia.[17]
Severino busca lo mismo:
¡Loca inquietud! Es un juego malicioso lo que está haciendo conmigo. Seguramente me ama, es buena, noble, incapaz de infidelidad; pero todo depende de ella; ella puede, si quiere…
¡Qué encanto en esta duda, en este temor![18]
La novela de Masoch es considerablemente más extensa que el Curioso impertinente, de modo que, el tema del pacto es desarrollado ampliamente, y dicho pacto se hace cada vez más cruel, se va de la infidelidad a la esclavitud, y se podría llegar hasta la muerte (como de hecho sucede en el Curioso impertinente), sin embargo, los protagonistas de Masoch no mueren:
—Yo creo —dijo— que para subyugar por completo a un hombre, hay que serle infiel ante todo. ¿Qué mujer honrada es tan adorada como una hetaira?
—Es verdad; la infidelidad de la amada posee un encanto doloroso, es la más alta voluptuosidad.
—¿Y si te diera ese placer? —añadió irónicamente.
—Sufriría mucho, pero te adoraría más; pero si te atrevieras alguna vez a engañarme, debes tener la grandeza diabólica de decirme
—No está mal eso, porque tan sólo como esclavo podrías soportar que yo amase a otro. Además, la libertad de placeres, a la manera del mundo antiguo, no puede concebirse sin esclavitud. ¡Ha de ser una sensación casi divina ver ante sí hombres arrodillados, temblando! Quiero tener esclavos. ¿Oyes, Severino?[19]
Y más adelante:
La señora Dunaiew, no sólo adquiere el derecho de golpear a su esclavo por las faltas que cometa, sino también el de maltratarle por capricho o por pasatiempo, incluso hasta matarle, si le place.[20]
El deseo y el amor por una persona, puede cambiar de un momento a otro, es por ello que se realiza mediante un pacto, no es (sino en raras ocasiones) algo duradero, de ahí la trasgresión por parte de la sociedad al intentar institucionalizarlo. “En esta estructuración vemos que la función contractual es la de establecer una ley; pero cuanto más sólida está una ley, más cruel se hace”.[21]
Anselmo se siente culpable mientras más acata las reglas del matrimonio, lo tiene todo y debería sentirse agradecido, pero no es así:
El que obedece la ley no por eso debe sentirse justo. Al contrario, se siente culpable, y tanto más culpable cuanto más estricta es su obediencia
Debemos a Freud el haber descubierto esta paradoja de la conciencia moral: “la ley se comporta tanto más severa y desconfiadamente cuando más virtuoso es el hombre;…rigor extraordinario de la conciencia moral en el mejor y más débil de los hombres” (Freud. Malestar en la cultura, tr. Castellana de López-Ballesteros en Obras Completas, volumen III, p. 49, Biblioteca Nueva, Madrid, 1968).[22]
El matrimonio trae consigo un inmenso sentimiento de culpa, y Anselmo lo usa para liberarse.
Para cerrar este inciso diré que tanto en Cervantes como en Masoch, hay una preocupación por la honra, Anselmo tiene un deseo que no desea que se haga público, y tampoco el juego que derive de él, y como sabe que su amigo y su mujer no irán en contra de la honra, no hay poder que le impida llevar a cabo su costosa experiencia:
Pero ¿dónde se hallará amigo tan discreto y tan leal y verdadero como aquí Lotario le pide? No lo sé yo, por cierto. Sólo Lotario era éste, que con toda solicitud y advertimiento miraba por la honra de su amigo…[23]
En el Quijote, Anselmo mantiene una intimidad tanto con su amigo como con su mujer (en esto no concuerda con el sádico), el juego perverso del masoquista también vela por la honra, si bien en las torturas pueden verse involucrados otros personajes (como “el griego”, el hombre con el que Wanda traiciona a Severino, del cual nos ocuparemos ahora, y las sirvientas “negras” de Wanda), no dejan de ser escenas íntimas:
—Piensa en tu honor, Wanda, intacto hasta ahora, si es que soy algo para ti.
—Yo pienso; he sido fuerte mientras he podido; pero ahora —ocultó, avergonzada, la cara entre la almohada— quiero ser tu mujer, si me aceptas.
Ella, que aparentemente domina a Severino, está avergonzada, cuando por lo general es la victima del sádico la que suele estar avergonzada, pero Wanda quiere a Severino y debe ser cruel con él, sin jugar el papel de sádica, es por ello que Wanda teme no cumplir correctamente su papel:
—Hablo con toda seriedad. Adoro a usted de tal manera, que quiero soportarlo todo de usted, con tal de pasar mi vida a su lado.
—Severino, se lo advierto a usted otra vez.
—¡Inútilmente! Haga usted de mí lo que quiera, pero sin alejarme.
—Severino, soy una mujer joven y sin sentido. Es peligroso para usted entregarse tan enteramente; al fin y al cabo, se convertirá usted en mi juguete. ¿Quién le asegura a usted que no abusaría de su demencia?
—Vuestra noble conducta.
—El poder engríe.
—Hágalo usted, pisotéeme usted.
Wanda me rodeó el cuello con sus brazos, me miró en los ojos y sacudió la cabeza.
—Tengo miedo de no poderlo hacer; pero lo ensayaré por ti, bien mío, a quien amo como nunca amé a ninguno.[24]
Y poco después se muestra este carácter “bipolar” de la mujer:
—¿No me amas ya? ¿No tienes piedad de mí? ¿Te ha subyugado ya el guapo extranjero?
—Mucho lo siento por ti, Severino, pero es preciso que yo le posea; ¿qué estoy diciendo? Que me posea él cuando le plazca.[25]
El contrato masoquista confería todos los derechos de Severino a Wanda, pero ella tenía la obligación de hacer lo que quisiera con él, pero sin dejarlo, dicho pacto “debe” unirlos:
Decidido a separarme de la mujer sin corazón que tan cruelmente me ha maltratado y que, a cambio de mi adoración esclava, de todo lo que he sufrido por ella, está a punto de faltar ahora a la fe jurada, hago un paquete con mis pobres ropas y luego escribo la carta siguiente:
Mientras sólo ha sido, usted cruel y despiadada, la he podido amar, pero ya no, a punto de ser grosera. No soy yo el esclavo que se deja pisotear por usted. Usted misma me ha dado la libertad, y yo abandono a una mujer a la que ahora sólo puedo dar odio y desprecio.
SEVERINO DE KUSIEMSKI.[26]
El rompimiento del trato significaría, o bien, que Severino ha perdido el control sobre ella, o bien, que ella no ha podido ser lo que él esperaba; si Severino resulta humillado, su relación se acaba. La crueldad, en cambio, no va contra la honra, él no la pierde frente a sus conocidos, frente a su padre, frente a la sociedad; solamente es humillado por personas que él considera “inferiores”, “al griego”, repetidamente lo llama “bárbaro”, a las sirvientas de Wanda las llamas “negras”, y cuando ellas se burlan de él, no le interesa en lo más mínimo: Como en la lucha del amo y el esclavo de Hegel, donde se busca reconocimiento, aquí, hay una inversión, él no busca reconocimiento, pero tampoco lo pierde por parte de “inferiores”.
Ambos momentos son esenciales; pero, como son, al comienzo, desiguales y opuestos y su reflexión en la unidad no se ha logrado aún, tenemos que estos dos momentos son como dos figuras contrapuestas de la conciencia: una es la conciencia independiente que tiene por esencia el ser para sí, otra la conciencia dependiente, cuya esencia es la vida o el ser para otro; la primera es el señor, la segunda el siervo.[27]
Severino es esclavo, sí, pero por voluntad propia, y de hecho, él es el que está controlando a Wanda, pues ella hace lo que el quiere, y quiere ser torturado: Se aprecia la fortaleza de Severino al soportar las torturas, como al controlarla, y también al imponerse frente “al griego” y a “las negras”, los desprecia, los ve como animales, por ello no lo humilla el verse en la situación en que está frente a ellos; cuando las negras se burlan de él, sin más pasa a otra cosa y no se presenta intimidado ni enojado con ellas, simplemente hace como si no estuviesen presentes:
—¡Desatadle!
Al quitarme la cuerda caí a tierra como una masa inerte. Las negras rieron, enseñando sus dientes blancos.
—¡Quitadle la cuerda de los pies! Al fin pude levantarme.
—Ven a mi lado, Gregorio.[28]
Me aproximé a la hermosa, que nunca me había parecido tan seductora como entonces, en su crueldad, en su sarcasmo.
—Da un paso más, arrodíllate y bésame los pies.[29]
Ahora bien, para Lotario es preferible morir que perder la honra, incluso las consecuencias son más exageradas que con el masoquista:
Y cuando el amigo tirase tanto la barra, que pusiese a parte los respetos del cielo por acudir a los de su amigo, no ha de ser por cosas ligeras y de poco momento, sino por aquellas en que vaya la honra y la vida de su amigo. Pues dime tú ahora, Anselmo: ¿cuál de estas dos cosas tienes en peligro, para que yo me aventure a complacerte y a hacer una cosa tan detestable como me pides? Ninguna, por cierto, antes me pides según yo entiendo, que procure y solicite quitarte la honra y la vida, y quitármela a mí conjuntamente, porque si yo he de procurar quitarte la honra, claro está que te quito la vida, pues el hombre sin honra peor es que un muerto; y siendo yo el instrumento como tú quieres que lo sea, de tan mal tuyo, ¿no vengo a quedar deshonrado y, por el mismo consiguiente, sin vida?[30]
El dinamismo de la mujer rígida
En ambos escritos, la mujer es sumamente moldeable: “Naturalmente tiene la mujer ingenio presto para el bien y para el mal, más que el varón”[31].
Wanda no puede humillar a Severino porque ella misma no sería lo que es si no fuera por él que la ha transformado. Camila jamás tiene intensión de humillar a su esposo, y, en todo caso, sería normal que ella se sintiese humillada frente a la impertinencia de aquél.
—Creo que se complace usted teniendo a un hombre entre sus manos y torturándole.
—¡No, no! —gritó con viveza. Después reflexionó—. No me entiendo; pero debo hacerle a usted una confesión. Ha destruido usted mi sueño; mi sangre arde, y comienzo a no experimentar otro placer, delicias semejantes al entusiasmo con que usted habla de una Pompadour, de una Catalina II, de todas las mujeres egoístas, frívolas y crueles. Todo eso me excita, entra en mi alma y me impulsa a ser semejante a ellas que, a pesar de su crueldad, fueron adoradas servilmente mientras vivieron, y realizan aún milagros desde la tumba. En una palabra, haga usted de mí una déspota de pies pequeños, una Pompadour para andar por casa.
—Sí es así —contesté yo—, déjese usted llevar por los impulsos de su naturaleza, pero nunca a medias.[32]
—Voy viendo que hay instintos peligrosos dormidos en mí —añadió Wanda al cabo de un rato— y que los despiertas, no ciertamente en tu provecho.[33]
En ambas mujeres puede apreciarse una imagen de rígida: Camila juega el papel de pasividad e inocencia en un principio, hasta que es inmersa en el juego perverso, y por tanto, se acaba el matrimonio, y más aún, la vida de todos los personajes principales; mientras que en Masoch se busca que la mujer sea cruel y activa:
—¡Dios mío! ¿Luego no eres una mujer de carne y hueso? ¿Luego no tienes corazón como lo tengo yo? —exclamé, mientras un espasmo sacudía convulsivamente todo mi ser.
—Bien sabes tú que soy una mujer de piedra, la Venus de las pieles, tu ideal.[34]
No por ello, en todos los casos, Wanda es cruel de manera activa, su pasividad, más un toque de masoquismo podría ser fatal:
De un salto me apoderé del puñal colgado a su cabecera. Le saqué de la vaina y le puse sobre mi pecho.
—Voy a matarme ante ti —murmuré sordamente.
—Haz lo que quieras —respondió Wanda con perfecta indiferencia—, pero déjame dormir.[35]
“Es asimismo la buena mujer como espejo de cristal luciente y claro, pero está sujeto a empañarse y oscurecerse con cualquier aliento que le toque”[36], no importa si la mujer es fiel y pasiva, o si es cruel y activa; mantendrá siempre su condición de mujer rígida.
Con respecto a la mujer de rígida, yo diría que se invierten los papeles del hombre y la mujer en Masoch y en Cervantes: Severino tiene la mayor parte del tiempo un papel pasivo, y soportar la tortura es “su virtud”, mientras que Camila es la que juega un papel pasivo en la obra cervantina, “su virtud” consiste en mantenerse firme frente a las pretensiones de Lotario. Al final, tanto Severino como Camila intercambian papeles, dejan de ser pasivos para luego volver a serlo, Camila no puede resistirse frente a Lotario, pero luego va a un monasterio; Severino se enfrenta a Wanda e intenta dañarla pero no lo hace, tras su despedida regresa a casa de su padre y hasta donde se sabe, vive tranquilamente. Cabe decirse que Deleuze señala la transformación del masoquista en sádico: Severino, el protagonista de La Venus, se declara curado al final de sus experiencias; azota y tortura a las mujeres, prefiere ser “martillo” antes que “yunque”[37]; lo que yo percibo únicamente es la relación desigual entre hombres y mujeres (y como lo señalan Hegel y Schopenhauer[38], una relación de fuerzas donde unas veces se está arriba y otras abajo –éste último representa esto con “la rueda de Ixión”[39]-, una relación desigual entre los hombres en general, entre pueblos, entre especies, o como en Heráclito[40], una guerra en el cosmos, sin la cual, todo lo que conocemos desaparecería), pero esto no nos asegura que Severino se volverá sádico, pues aquí termina la novela:
—La moraleja es que, tal como la naturaleza la ha creado y como el hombre en la actualidad la trata, la mujer es enemiga del hombre, pudiendo ser su esclava o su déspota, pero jamás compañera. Sólo cuando el nacimiento haya igualado a la mujer con el hombre, mediante la educación y el trabajo; cuando, como él, pueda mantener sus derechos, podrá ser su compañera. En la actualidad, o somos el yunque o el martillo. Yo fui un burro al hacerme esclavo de una mujer, ¿comprendes? Esa es la moraleja: el que se deja dar de latigazos, lo merece. Como has visto, yo he sido golpeado, pero sané. Las nubes rosas del ultrasensualismo se desvanecieron y nadie me hará ya tomar las monas sagradas de Benarés o el gallo de Platón por imagen de Dios.[41]
[1] Gilles Deleuze. Presentación a Sacher Masoch, tr. Ángel María García Martínez, Taurus, p. 14
[2] Miguel de Cervantes. Don Quijote de la Mancha, Real Academia Española, Alfaguara, 2004, p. 326
[3] Cervantes. Op. cit., p. 326
[5] El tema del sentimiento de culpa está presente, la culpa para Anselmo es preventiva, como si eso le impidiera actuar; desea reprimir ese deseo para siempre, sin embargo, siente una necesidad por expresarlo; esto se desarrollará con más detalle en su momento.
[7] “Suspenso tenían a Lotario las razones de Anselmo, y no sabía en qué había de parar tan larga prevención o preámbulo, y aunque iba revolviendo en su imaginación qué deseo podría ser aquel que a su amigo tanto fatigaba, dio siempre muy lejos del blanco de la verdad; y por salir presto de la agonía que le causaba aquella suspensión, le dijo que hacía notorio agravio a su mucha amistad en andar buscando rodeos para decirle sus más encubiertos pensamientos”, (Ibid., pp. 330 y 331), las cursivas son mías. En unos cuantos párrafos de nos han acumulado el tema de la culpa y el suspense, esto último tiene que ver con “la mujer de piedra” (que, por cierto, aparece mucho en la obra de Bécquer, cada vez me convenzo más de que tienen mucho en común el poeta y el masoquista).
[8] Ibid., p. 331, las cursivas son mías.
[9] Aquí se ve claramente cómo se pueden enunciar varias razones, solamente como servidoras del deseo, razones, digo, para convencer a Anselmo, el deseo como aquello que impulsa al entendimiento.
[10] Las cursivas son mías.
[11] Ahora se agrega el deseo de ver a la mujer de uno, deseada y requerida por otro, este aspecto se tratará más adelante. La perversión viene de golpe, en apenas dos párrafos, todo lo demás es desarrollo y consecuencia de lo que ya está aquí.
[12] Deleuze. Op. cit., p. 28
[16] Nadie que no sea masoquista toma con gusto el sabor de la traición.
[17] Cervantes. Op. cit., p. 331
[19] Masoch. Op. cit., p. 27
[20] Deleuze. Op. cit., p. 43
[23] Cervantes. Op. cit., p. 329
[24] Masoch. Op. cit., p. 22
[27] G. W. F. Hegel. Fenomenología del espíritu, México: F. C. E., 1996, p. 117
[28] Cuando Severino firma el contrato para ser esclavo de Wanda, ésta substituye su nombre por “Gregorio”.
[29] Masoch. Op. cit., p. 44
[30] Cervantes. Op. cit., p. 333
[32] Masoch. Op. cit., p. 22
[36] Cervantes. Op. cit., p. 337
[37] Deleuze. Op. cit., p. 42
[38] “…pues si la discordia no fuese inherente a las cosas, entonces todo sería uno, tal como dijo Empédocles (Aristóteles, Metafísica, 2, 4; 1.000b, 1); este conflicto mismo sólo es la revelación de la discordia consigo misma que es consustancial a la voluntad. Esta lucha universal alcanza la mayor visibilidad en el mundo animal, que tiene al mundo vegetal como alimento suyo y en donde a su vez cada animal se vuelve presa y alimento de algún otro, […] dado que cualquier animal sólo puede alcanzar su existencia mediante la continua eliminación de una existencia ajena; así que para vivir la voluntad se consume sin excepción a sí misma y es su propio alimento bajo diferentes formas, hasta que finalmente el género humano, al sojuzgar a todos los demás, contempla la naturaleza como algo fabricado para ser utilizado por él y en su propia especie […] se pone de manifiesto con la más pavorosa claridad esa lucha, esa autodiscordia de la voluntad, haciendo bueno el homo hominis lupus (Plauto, Asnario, 2, 495). Entretanto iremos reconociendo la misma lucha, el mismo sojuzgamiento, en los niveles inferiores de objetivación de la voluntad. […] El ejemplo más llamativo a este respecto lo suministra la hormiga-bulldog en Australia; cuando se la corta, comienza una lucha entre la parte de la cabeza y la parte de la cola; la primera apresa a la segunda con su dentadura y ésta se defiende intrépidamente pinchando a aquella; la lucha dura una media hora, hasta que mueren o son arrastradas por otras hormigas”, (Arthur Schopenhauer. El mundo como voluntad y representación. Edición y Traducción de Roberto R. Aramayo. F. C. E. Madrid. 2005, tomo I, p. 237).
[39] “Así el sujeto del querer está girando continuamente sobre la rueda de Ixión, acarrea siempre agua al cedazo de las Danaides y se consume eternamente como tántalo”, (Arthur Schopenhauer. Op. cit., p. 287).
[40] “Pues, al venir, el fuego juzgará a todas las cosas y a todas las condenará”, fto. 66, tr. Enrique Hülsz
[41] Masoch. Op. cit., p. 70